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miércoles, 14 de julio de 2010

Comedia de cine (1)

La comedia ha sido clave en nuestras vidas y el cine ha sabido aprovechar este género de una manera singular, tanto que invitaban a la gente a evadirse de una realidad dura y sumergirse en un mundo donde lo principal era la sonrisa. Durante toda esta semana donde la protagonista es la Comedia, queremos mostraros cuales fueron los títulos y actores que lucharon porque fuera un género más, dentro del cine.

 Charles Chaplin, Harold Lloyd y Baster Keaton

Charles Chaplin nació en East Street, en el barrio de Walworth, Londres el 16 de abril de 1889. Su madre era actriz de teatro y su padre cantante. Con casi 90 películas de cine mudo y sonoro, ha llegado a convertirse en la figura más representativa del cine mudo. El personaje de Chaplin se caracterizaba por ser un hombre con las maneras refinadas, vestido con una estrecha chaqueta, pantalones y zapatos más grandes de su talla, un sombrero bombín, un bastón y un característico bigote. Su inconfundible caminar oscilante, una acentuada emotividad sentimental. 

Las películas más significativas de la carrera de Chaplin fueron: El vagabundo (1916), Vida de perro (1918), El chico (1921), La quimera del oro (1925), El circo (1928), Luces de la ciudad (1931), Tiempos Modernos (1936), El gran dictador (1940) y Candilejas (1952).

Harold Clayton Lloyd nació en la localidad de Burchard, condado de Pawnee en Nebraska el 20 de abril de 1983. Lloyd actuó en 208 películas entre 1913 y 1947. Lloyd aparecía en pantalla con unas gafas de carey (muy de moda en aquel tiempo), sombrero de paja y aspecto juvenil. Éste personaje es optimista, valiente, perseverante, atlético y dinámico

Los títulos que destacaron en su carrera son: Marinero de Agua Dulce (1921), El Mimado de la Abuelita (1922), Dr. Jack (1922), El hombre mosca (1923), El Tenorio Tímido (1924), ¡Qué fenómeno! (1929) y  ¡Ay, que me caigo! (1930).

Buster Keaton nació el 4 de octubre de 1985 en Piqua, kansas. Fue criado en el mundo del vaudeville, actuando junto a sus padres (presentados como "Los Tres Keatons") desde la edad de tres años. Entre los años 1920 y 1923, Keaton rodó un largometraje, Pasión y boda de Pamplina, y 19 cortos. Su personaje, un joven tragicómico, que se enfrenta a las desgracias con una absoluta inexpresividad, que hizo que le bautizaran como "cara de piedra". Para darle expresión a su personaje, utilizaba las acrobacias, para las que se negaba a usar dobles o especialistas. 

Sus películas más famosas de su carrera son: Las tres edades (1923), La ley de la hospitalidad (1923), El navegante (1924), El héroe del río (1928), El maquinista de la General (1927), El moderno Sherlock Holmes (1924) o Las siete ocasiones (1925).

Sucedió una noche
(Frank Capra,1934)
Una joven y caprichosa heredera, Ellie Andrews, se escapa del yate de su padre, quien la ha encerrado para evitar que se case con un hombre que él desaprueba, y coge un autobús rumbo a Nueva York. Uno de los pasajeros resulta se Peter Warne, un vivaz y atractivo reportero, deseoso de una buena historia. El azar y las circunstancias unirán a Ellie y a Peter en un particular, accidentado y divertido viaje.

La trama se basa en la historia del Bus Nocturno de Samuel Hopkins Adams, y está protagonizada por Claudette Colbert y Cark Gable. La película fue el primero en ganar los cinco Óscars: a la mejor película, al mejor director, al mejor actor,  a la mejor actriz, y al mejor guión adaptado, una hazaña que no sería igualada hasta Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) y más tarde por el Silencio de los Corderos (1991).

Los hermanos Marx en el Oeste
(Edward Buzzell, 1940)
Los hermanos Marx se dirigen al Oeste a hacer fortuna. Allí adquieren una propiedad de una mina sin valor pero cuyo terreno es muy codiciado por una compañía de ferrocarriles.

Los Hermanos Marx en el Oeste es la décima película de los Hermanos Marx, estrenada el 6 de diciembre de 1940 y producida por la Metro Goldwyn Mayer. Los gags y las escenas del ferrocarril tuvieron como asesor fundamental a Buster Keaton, quien aportó su experiencia previamente adquirida durante el rodaje de El maquinista de la General, cuya influencia se hace notar en esta película de los Marx.

Los Hermanos Marx fue una familia de cómicos estadounidense, originarios de Nueva York. De enorme éxito tanto en el Vodevil, como en Broadway y posteriormente en el cine, cinco de sus películas están incluidas en la lista de las 100 mejores comedias del American Film Institute.

El quinteto de la muerte
(Alexander MacKendrick,1955)
Un grupo de cinco criminales, liderados por el profesor Marcus, se reúnen regularmente en una habitación que han alquilado a una vieja dama. Allí hacen ver que son músicos que están ensayando para un concierto, para lo cual usan un tocadiscos. En realidad están planeando un golpe. Cuando la señora descubre su identidad, quieren asesinarla, pero se encuentran con dificultades inesperadas.

El quinteto de la muerte es una película británica de 1955, dirigida por Alexander Mackendrick. Protagonizada por Alec Guinness, Cecil Parker, Herbert Lom, Peter Sellers, Danny Green y Katie Johnson en los papeles principales. Galardonada con el premio BAFTA 1956 a la mejor actriz británica (Katie Johnson), y al mejor guión (William Rose).

La película también obtuvo una nominación a los Premios Oscar, al mejor guión original. En 2004 los Hermanos Coen realizaron un remake de la película, el cual está protagonizado por Tom Hanks.

La pantera rosa
(Blake Edwards, 1964)
Un misterioso ladrón apodado El Fantasma, que se caracteriza por dejar un guante blanco en cada robo, se teme vaya a actuar de nuevo. Su objetivo: el mayor diamante del mundo, la Pantera Rosa, propiedad de la Princesa Dala. El incompetente Inspector Clouseau intentará detenerle

En esta primera película se recurrió a una animación para ilustrar el título y los créditos iniciales y finales de la película. Blake Edwards encargó al prestigioso animador Friz Freleng (1906-1995, creador de Bugs Bunny, Porky Pig, Piolín, El gato Silvestre, Sam Bigotes y Speedy Gonzales, entre otros) que crease un dibujo animado y sólo le pidió tres cosas: que fuera graciosa, muda y de color rosa.

La película fue estrenada el 20 de marzo de 1963 y el dibujo animado de los créditos había llamado tanto la atención que, no mucho después, el 27 de abril de 1963, el dibujo ocupó la portada de la prestigiosa Times. Esto llevó a los productores a plantearse la viabilidad del personaje como dibujo animado independiente de la película. Se hizo un cortometraje de animación con la pantera como protagonista, titulado The Pink Phink. Ganó, a pesar del breve intervalo entre su estreno y la ceremonia de los Oscar celebrada el 13 de abril de 1964, el Oscar al mejor cortometraje animado.


Bananas
(Woody Allen, 1971)
Allen da vida a un torpe y tímido probador de productos llamado Fielding Mellish. Cuando éste es abandonado por su novia, la sensual y atractiva Nancy, decide cogerse unas vacaciones y se dirige a la pequeña república de San Marcos. Pero lo único que consigue es verse envuelto en un sin fín de líos burocráticos en el pequeño país que tienen como telón de fondo la guerrilla subversiva. Todo se complica aún más cuando los rebeldes guerrilleros toman el poder, y su líder se vuelve completamente loco. Sus propios compañeros toman una drástica decisión: cambiar al líder por Mellish, creyendo que él podrá salvar al país. Pero la suerte nunca parece estar del lado de Mellish, y éste es secuestrado por el FBI, que le somete a juicio y le acusa de subversivo.

Bananas de 1971, es el tercer filme que dirigió, escribió y protagonizó Woody Allen. Se basa en una serie de gags estructurados como una sátira política. Bananas sirve además como marco para desarrollar chistes visuales, a veces incluso escatológicos, cayendo muchas veces en una fina comedia física o slapstick. Allen aprovecha también para homenajear y parodiar una de las secuencias más famosas del cine mundial: las escaleras de Odessa, escena del film El acorazado Potemkin (1925) del ruso Sergéi Eisenstein.

El título es una broma, Bananas es un termino por locura, tanto como una referencia a la frase "república bananera" describendo el sentido del filme. El título también puede ser un mofa respetuosa hacia Los cuatro cocos, el primer filme por los Hermanos Marx, por quienes Allen estaba influenciado en la época. No obstante, cuando Allen le preguntaron porque el filme se llamaba Bananas, su respuesta fue, "Porque no hay bananas ahí".


martes, 25 de mayo de 2010

Crónicas de Tannhäuser: El apartamento

Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre 8 millones de personas.
Entonces, vi unas huellas en la arena, y allí estabas...
es algo maravilloso, ¡Cena para dos!


El apartamento




Allá por el año 34, un tal Samuel Wilder (más conocido como Billy Wilder), aterrizaba en los Estados Unidos junto con su íntimo amigo Peter Lorre con la esperanza de hacerse un hueco como guionista en Hollywood. Juntos, compartieron apartamento, pasaron hambre y momentos difíciles, sin embargo, poco tiempo después consiguió trabajar para la Paramount como guionista bajo el brazo protector de su mentor, Ernst Lubitsch. En aquel entonces nadie podría imaginar que ese polaco miope de rostro bondadoso y mirada ingenua se convertiría en el mejor guionista que haya habido jamás.

Once años más tarde, en 1945, Wilder fue al cine con un íntimo amigo suyo, I. A. L. Diamond, a ver Breve Encuentro, la última película que había estrenado un emergente David Lean, que aquel año se situó como una de las promesas más importantes del cine británico. Satisfechos y con ganas de charlar sobre el film, los dos amigos se acercaron a una cafetería y expusieron sobre la mesa sus puntos de vista. Wilder, gran conocedor de los entresijos de la condición humana, había puesto su ojo sobre un personaje secundario que presta su apartamento para que la pareja lo disfrute; “¿Qué pasa con ese hombre? ¿Seguramente, al estirarse sobre su cama para descansar, aún notaría las sabanas tibias?”, dijo Billy Wilder.

Ese personaje estuvo presente en la cabeza de Wilder durante largos años hasta que finalmente, tras estrenar Con faldas y a lo loco en 1959, volvió a reunirse con su mano derecha, I. A. L. Diamond, y le propuso abordar esa historia, lo que más tarde se convirtió en El apartamento.


El guión, sátira de los tiempos que corrían, repleto de cinismo y humor negro, nos presenta C. C. Baxter (Jack Lemmon), un contable de una gran empresa de seguros de Nueva York que intenta ascender y labrarse un gran futuro a base de trabajo, trabajo y trabajo. No obstante, descubre una vía mucho más rápida para lograr su objetivo. Esta consiste en ceder su apartamento por horas a varios directivos para que ellos lleven a sus amantes de turno. Poco después, descubre a una mujer en su apartamento de la que se enamora perdidamente, ella es Fran Kubelik (Shirley MacLaine). Posteriormente descubrirá que Fran es la amante de su jefe, del cual está enamorado a sabiendas de que es el hombre equivocado, cosa que hundirá a Baxter completamente.



El film nos regala lágrimas y sonrisas a partes iguales mientras nos cuenta las triste historia de un solitario contable que no sabe vivir siquiera consigo mismo. El dinero que gana le llega justo para comer, la única vida que tiene fuera del trabajo está en la televisión y no tiene ningún amigo en la ciudad. Los cambios que se vivieron en aquellos años han sido plasmados perfectamente por Wilder, desde la entrada de la caja tonta a las casas, como la doble moral americana y la pandemia que se apoderaba de la Gran Manzana: el estrés. Según Wilder, “El apartamento pertenece a cualquier ciudad excepto Moscú”, haciendo hincapié en el hecho de que todos los intereses de los personajes del film están centrados en ascender puestos en la empresa; tanto los hombres, ganándose la amistad de sus superiores, como las mujeres, acostándose con ellos. También deberíamos centrarnos en el aspecto urbano del film donde reconocemos los grandes rascacielos de Manhattan habitados por miles de personas caminando de aquí para allá como si fueran la marabunta, espacios enormes repletos de escritorios, timbres de teléfono, un eterno murmullo de voces y tacones lejanos.


El sueño de Baxter, tener un despacho con su nombre escrito en la puerta, una secretaria y un teléfono propio para atender sus propios asuntos, está a años luz de verse cumplido hasta que se le ocurre prestar su apartamento a sus superiores. Sin embargo, el amor que siente por Fran le hace darse cuenta que ese no es el objetivo que el necesita. Los dos personajes son torpes y solitarios, dos criaturas perdidas en una metrópolis, ninguno de los dos tiene amistades ni nadie en quien apoyarse. Wilder y Diamond los trataron con una gran sensibilidad y ternura, ya que, aunque tengan historias deprimentes y hayan tonteado con el suicidio anteriormente, se necesitan mutuamente por su incapacidad de vivir en soledad. Es curioso como el apartamento, deprimente y oscuro en un inicio, cambia radicalmente con la presencia de Fran, haciéndolo más habitable, más luminoso, más acogedor.


El papel de ambos es brillante, pero Lemmon, aún sobreactuando en momentos puntuales, borda uno de los mejores papeles de toda su carrera. José Luís Garci apuntó que, “Gracias a Wilder nació Woody Allen, pero gracias al papel de Lemmon nació su personaje”. No nos costaría mucho imaginar a Woody Allen en el papel del solitario y patético perdedor que es Baxter, personaje del cual todos se aprovechan y burlan.


El apartamento no fue una película de éxito, tampoco arrasó en la taquilla ni mucho menos, en cambio se metió a la crítica en el bolsillo. Posteriormente arrasó en los Oscar consiguiendo cinco estatuillas: mejor director, mejor montaje, mejor película, mejor dirección artística y mejor guión original. Wilder, que contaba con dos Oscar al mejor director y tres como mejor guionista, había escrito su nombre con letras de oro en el cielo de Hollywood.

El contexto es otro ingrediente esencial en este film. El inicio de la década de los 60 estaba marcado por un rápido cambio de la vida cotidiana donde la juventud comenzaba a gozar de un tiempo de ocio mucho mayor, el rock’and’roll y la televisión se instalaban en la vida americana, la mujer poco a poco iba ganándose su independencia dentro de una sociedad aposentada en un aceptado machismo, la guerra fría se ponía al rojo vivo y Kennedy llegaba al poder.


La valentía de Wilder y Diamond reside en la manera de mostrar a un personaje que no sólo sabe afrontar los cambios de su tiempo, sino que ninguno de ellos le hace ser feliz, ni la televisión, ni el progreso laboral, ni el ocio que le permite tener su empleo. Wilder nos muestra la deshumanización que sufre la ciudad de Nueva York mediante un personaje que desgraciadamente es bastante familiar dentro de la fauna urbanística, es ese con el que nos topamos en la cola del supermercado con una comida precocinada en la mano que vive en un pequeño piso de apenas 40 metros cuadrados, carente de vida social y ninguneado en el trabajo.


Es caviar universitario, la típica película que citan sin cesar y te obligan a aprenderte de cabo a rabo cuando asistes a la universidad. De Wilder se decía que era un director sin estilo, que pasaba desapercibido y que no tenía el carisma de otros monstruos de la pantalla. El tiempo lo ha juzgado como debía y lo ha encumbrado como uno de los directores más importantes del cine americano, no olvidemos que es uno de los muy pocos directores que ha escrito todas y cada una de las películas que ha dirigido. Amante y partidario del “estilo invisible”, así como lo fueron John Ford o Howard Hawks, dejó su huella en la historia con un gran número de obras maestras y fue el último gran director clásico en abandonarnos (falleció en el 2002). El apartamento es una película de obligado visionado, un clásico del cine que mantiene su esencia como en el primer día.


Brillante comedia negra sobre la soledad.


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