viernes, 22 de octubre de 2010

Crónicas de Tannhäuser: Heat






"No te dejes atrapar por alguien o algo que no
puedas dejar atrás en treinta segundos
cuando tengas la policía a la vuelta de la esquina"

Neal McCauley, Heat




De todas las películas guardamos una serie de recuerdos, unos fotogramas puntuales que vienen a nuestra memoria en el momento en el que escuchamos nombrar cierta película, al observar la carátula del DVD mientras la sostenemos con nuestras manos o al oír a lo lejos su inconfundible banda sonora. En mi caso (y supongo que en el de la mayoría), Heat me transporta directamente hacia la escena del atraco bajo la martilleante música de Elliot Goldenthal. Ok, es la frase típica, el recurso fácil para cuando uno tenga que hablar o escribir sobre esta película, pero seamos serios, no nos engañemos, seguramente sea una de las mejores escenas de acción que jamás haya visto. La película en general es un martillazo sobre la mesa, un film de órdago que aún hoy no se ha superado dentro del género policiaco, sin duda el mejor film de Michael Mann.

A principios de los noventa, Michael Mann ya era considerado un peso pesado dentro de la televisión americana. Su trabajo estuvo íntimamente ligado con la producción y creación de exitosas series de televisión, debutando con Starsky y Hutch (1975) y continuando su trabajo como realizador de publicidad hasta que en 1984 crearía lo que sería la serie por la que se le recordaría, Corrupción en Miami, donde también ejercía de productor ejecutivo. Sus primeros y tímidos pasos que hizo en la gran pantalla se consumaron a través de TV movies y pequeñas producciones de serie B. No fue hasta 1992 cuando dirigió El último mohicano, película que se convirtió en su primer gran éxito y catapultó su carrera como director a los 51 años. Un año más tarde se embarcó de nuevo en su próximo guión, el cual sería prácticamente un remake de Corrupción en Los Ángeles (1989), una TV movie que dirigió él mismo previamente a El último mohicano.

En Corrupción en Los Ángeles hay una escena en la que un policía y el criminal que persigue obstinadamente se topan casualmente en un centro comercial. Justo en ese instante se crea una tensa pausa y el criminal rompe el hielo de manera muy educada: “¿Café?”. Podría decirse que la película parte y muere en ese punto, en la esencia de dos personajes antagónicos que se encuentran inevitablemente en tierra de nadie, que se ven obligados a enfrentarse por la propia naturaleza de cada uno de ellos. Es muy complicado clasificar esta película dentro de un género determinado ya que su desarrollo no está marcado por la acción o los sucesos determinantes que ocurren en ella, sino por la profundidad y las emociones de los personajes.


¿Heat es un drama intimista o un film de género policiaco? Ambas cosas. Mann logra inyectar en la película una atmósfera inusual en la cual nos encontramos con un puñado de personajes que se sienten solos, muy solos. Por otro lado, el elenco está capitaneado por dos personajes que tienen más en común de lo que parece, ambos entienden la vida como una supervivencia continua, una lucha sin fin en un mundo hostil que no va a regalarles absolutamente nada. Dos personajes opuestos que combaten la soledad entregándose completamente a su trabajo, condenados a deambular solitarios por el mundo, a recorrer las sucias calles de Los Ángeles. La dupla exigía muchísimo nivel y para ello tuvo que contar con dos actores más que reputados, más que admirados, más que grandes, más que legendarios; Robert De Niro y Al Pacino.

Mann nos cuenta la historia de Neil McCauley (Robert De Niro), un astuto y meticuloso atracador que dirige una pequeña banda criminal que pretende dar un golpe en un banco donde podrán conseguir el botín de 12 millones de dólares. Mientras tanto, el teniente Vincent Hanna (Al Pacino) les irá siguiendo la pista mientras intenta sobrellevar sus problemas de cada día con su mujer y su hijastra. Por otro lado, Neil conocerá a Eady (Amy Brenneman) de la que se enamorará y con la cual podrá reconducir su vida. La simbólica relación entre Neil y Vincent estará repleta de admiración mutua y un profundo respeto entre ambos, no obstante, los dos estarán dispuestos a apretar el gatillo si uno de ellos se interpone en su camino.

Si algo atrae de la película es que puede presumir de un cartel de ensueño formado por Pacino, De Niro y completado con un secundario de lujo como Val Kilmer, la preciosa Ashley Judd, una incipiente Natalie Portman y gente de la talla de Jon Voight, Tom Sizemore o Machete, perdón, Danny Trejo. Una vez te sientas a verla te das cuenta que eso es lo de menos, no sólo al apreciar la exuberante dirección de Michael Mann combinado con el exquisito uso de la banda sonora, abandonando los clasicismos para entregarse a un estilo de música techno-vanguardista ampliamente reconocible hoy en día tras el trabajo de compositores como Brian Eno, antaño, un paso bastante arriesgado.


Tras el elenco estelar y la atmosférica banda sonora nos toca recalcar el uso del vídeo dentro de la película. La obsesión de Mann por el hiperrealismo en las escenas de acción le llevaron a apostar por el vídeo en muchas secuencias que eran imposibles de rodar con película de cine a causa de la falta de luz. La luz que baña las escenas nocturnas es tremendamente real, introduciéndonos junto a los personajes, sintiendo las sirenas de las ambulancias en la lejanía, viendo parpadear las luces del aeropuerto. El vídeo no sólo permite que se pueda rodar con tan baja luminosidad sino también imprime a la imagen un carácter fresco y dinámico, incluso agresivo y animal en las escenas en las que hay tiroteos o persecuciones. El gran trabajo en la fotografía de Dante Spinotti se vio respaldado por un sonido magistral en el que aún retumba la reverberación de los disparos en las anchas avenidas de L.A. Esta marca personal de Michael Mann la trasladó a futuras producciones como Collateral (2004) o Corrupción en Miami (2006), otorgando a las ciudades un papel protagonista y esencial en todas sus películas.

Para el final el plato fuerte. Por primera vez se reunían en pantalla dos monstruos como Pacino y De Niro, algo que no consiguió ni el mismísimo Coppola en El Padrino II, ya que no coincidieron en ninguna escena del film. El pulso narrativo de la película transcurre en manos de ambos personajes. Neal (De Niro) destaca por su frialdad y su punto de vista desapasionado por la vida, por contra, Vincent (Pacino) sobresale por todo lo contrario, es un personaje visceral y agresivo, un enfermo de su trabajo. Ambos coinciden sobre el punto de vista que comparten sobre la vida, sin embargo están en lados opuestos y se deben completamente a su causa. En la exploración sobre la familia y la intimidad que ejerce la trama, Heat nos introduce en uno de los temas fundamentales del cine negro: los vínculos. Ellos son los únicos que mantienen a nuestros personajes con los pies en el suelo y en contacto con la sociedad, aunque para cada uno tienen un peso bien distinto. Mientras Vincent intenta la imposible tarea de mantener a su familia aún estando casado con su trabajo, Neal reitera la imposibilidad de establecer ningún vínculo con otra persona que no pueda abandonar en 30 segundos si las circunstancias lo requieren.

El duelo entre ambos es tan obvio como esperado, obsequiándonos con un majestuoso film que imprime una huella inmortal en el cine aún no sobrepasada. Tras un agónico y épico final, Mann nos obliga a levantarnos de las butacas para aplaudir ante la que podría considerarse como una de las películas más brillantes de la década pasada. Siempre recordaré el último apretón de manos del film.

Superior.



1 comentario:

Mike Lee dijo...

Gran película que creó escuela y en la que por fin pudimos ver reunidos a dos mitos de la interpretación.

¡Saludos!

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