martes, 19 de enero de 2010

Crónicas de Tannhäuser: Blade Runner

Abrimos esta nueva sección dedicada a los grandes clásicos del cine con una de las películas más influyentes e inspiradoras del siglo XX. Como mucho de vosotros sabréis, el título de mi sección hace referencia al diálogo final que Roy Batty (Rutger Hauer) pronuncia antes de morir, por ello, en homenaje a ese y a otros tantos momentos memorables del cine, inauguro esta sección para recordar y rememorar las obras que han pasado a formar parte de nuestras vidas.

Espero que os guste esta sección y que participéis activamente recomendándome las películas que os apetezca que comente de ahora en adelante.

Un saludo a todos, Pablo Arias.


"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."
Roy Batty

Blade Runner es una película que aún hoy en día causa controversias, ya sea por su ambigüedad, su atmósfera recargada y oscura o un guión repleto de imperfecciones e inusual para un film de ciencia ficción. Allá por el año 79, Ridley Scott terminaba de rodar las últimas secuencias de Alien cuando recibió un guión de un proyecto llamado Mechanismo basado en la novela de Phillip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

El guión mostraba un claustrofóbico mundo en el cual parecía no haber exteriores y donde los replicantes se asemejaban más a C3-PO que a la atractiva Daryl Hannah (Pris). La obra trataba sobre los problemas que podrían plantear la inteligencia artificial y la clonación desde la perspectiva de un detective que tenía la difícil empresa de eliminar a un grupo de androides/clones hostiles en un excesivamente futurista 1992. Scott, contratado por Dino De Laurentis para rodar Dune, decidió no participar en un nuevo proyecto de ciencia ficción pero el destino y la desgracia hicieron que ese modesto proyecto llamado Mechanismo se cruzara de nuevo en su vida.

En 1980, el hermano mayor de Scott murió de cáncer, este hecho tuvo un impacto devastador en el director y se vio obligado a abandonar Dune. Tiempo después, Scott volvió a leer el guión de Mechanismo y decidió participar en el proyecto con carta blanca para modificar el guión original. Scott le otorgó un aire mucho más oscuro, arrastró los personajes al exterior y nos mostró un futuro caótico y ultraglobalizado, ganó en profundidad y dramatismo, esta vez el tiempo y la muerte serían sus estandartes, se acuñó el término “replicante” y se dotó de una emotividad inusual a los antagonistas, estaba naciendo una de las obras maestras del cine actual, finalmente fue rebautizada como Blade Runner.


Tras un agónico rodaje que se prorrogó hasta nueve meses desde la fecha establecida, junto con los numerosos problemas y contratiempos que sufrieron por las inclemencias meteorológicas y las tensiones entre Harrison Ford y Scott, Blade Runner se estrenó el 25 de junio de 1982. La recepción no fue buena, ni por el público ni por la crítica, tachada de ser lenta y demasiado compleja para su género, ello y la competencia con E.T., estrenada sólo una semana antes, hicieron de la colosal producción un estrepitoso fracaso.

No obstante, con el tiempo el film cobró importancia abriéndose paso entre los referentes del género y como un ejemplo de clásico moderno hasta el punto de ser catalogada como la inspiradora del cyberpunk. El film se fue modificando hasta llegar al punto en el que desapareció la voz en off por completo, algo que entorpecía mucho la trama y daba poca información válida y pecaba de explicativa.

Blade Runner tiene una riqueza de detalles que la convierten en una obra difícil de clasificar, nos invita a reflexionar sobre nuestro futuro, los avances tecnológicos referentes a la clonación y la inteligencia artificial como también sobre el control de las emociones y la brevedad de nuestras vidas. Mención especial merece la iluminación de Jordan Crononweth combinada con el colosal trabajo del director artístico David L. Snyder introduciéndonos en una atmósfera saturnina y recargada que llega a su cénit en las escenas en las que Deckard (Harrison Ford) sobrevuela la ciudad de L.A. con el apoyo de la magistral e hipnótica banda sonora de Vangelis.


El film es oscuro, en él se respira melancolía, parece obra de algún genio taciturno que nos lleva de la mano por un mundo más onírico que futurista. Es curioso lo que Scott nos quiere comunicar entremezclando un gran abanico de emociones como la soledad, el amor, el miedo, la compasión y la ira con lo volátil de nuestras vidas dentro de un contexto tan poco habitual como el de la ciencia ficción, quizás sea eso, quizás todo era una excusa para hacernos reflexionar sobre nuestras vidas.
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