martes, 23 de marzo de 2010

Crónicas de Tannhäuser: El diablo sobre ruedas

"¡Vamos coche, vamos, vamos!"

David Mann, El diablo sobre ruedas



En 1972, Steven Spie
lberg era un joven realizador de televisión que dirigía episodios de series como Colombo o Marcus Welby. Mientras tanto intentaba abrirse paso hacia la gran pantalla, sin embargo, tenía que ir paso a paso y la oportunidad de dirigir un largometraje le vino por un guión de Richard Matheson llamado El diablo sobre ruedas (adaptado de un relato del mismo Matheson).

Matheson era un ídolo para Spielberg, sus novelas y guiones para televisión eran (y son) muy conocidos, entre sus trabajos destaca la novela Soy leyenda, llevada al cine un buen puñado de veces y el extenso trabajo realizado como guionista en la serie La dimensión desconocida. Spielberg tenía la oportunidad de dirigir un largometraje en sus manos, sabía que no debía fallar aunque fuera un guión destinado a convertirse en una película televisiva de domingo.

El relato de Matheson trata sobre un representante comercial llamado David Mann (Dennis Weaver) que inicia un largo viaje por carretera con la intención de ir a ver a un cliente. Todo parecía ir sobre ruedas (nunca mejor dicho) hasta que adelanta a un viejo y oxidado camión. Al camionero, mejor dicho, al camión, parece molestarle el hecho de que haya sido adelantado, por lo tanto, vuelve a la carga y adelanta a David. En un principio parece un vulgar pique de carretera pero la intensidad va aumentando hasta el punto en el que la persecución parece una lucha a vida o muerte con pinceladas de humor negro y situaciones absurdas.

En resumen, Spielberg tenía que realizar un largometraje de unos 75 minutos donde tenemos a un camión que persigue a un coche, para ello tenía 11 días de rodaje, ni más ni menos.

A falta de tiempo como para hacer un storyboard de la película y de medios, el aún imberbe director calcó un mapa de las carreteras donde se rodaría la película y lo llenó de anotaciones sobre la trama. Por otro lado, colocó todas las cámaras de las que disponía distribuidas por varios puntos de la carretera, de esta manera podía disponer de varios planos de distinto tamaño para una misma toma y así conseguir otorgarle al film un pulso narrativo en la edición digno del mismísimo Hitchcock.


La decisión de Spielberg fue más que acertada ya que la película tuvo muchísimo éxito tanto con el público como por la crítica, cosa que hizo que al poco tiempo se estrenara también en las salas de cine. Gracias a esta película, Spielberg pudo asentarse dentro de la industria televisiva y cinematográfica americana hasta dirigir Tiburón en 1975, película que le convertirá como uno de los directores más prometedores del momento.

Pero, ¿Qué hace que El diablo sobre ruedas sea una gran película?


Spielberg logró plasmar la misma atmósfera abrumadora y paranoica del relato a la pantalla creando un diálogo sin palabras.
La película arranca desde la ciudad y pasa por varias carreteras y autopistas yanquis con su pertinente fauna de camioneros, moteles y gasolineras hasta desembocar en un lugar onírico, casi irreal, donde siquiera hay carreteras, donde se decidirá quien vive y quien muere.

El film en si es un ejercicio cinematográfico excelente que nos imbuye en una angustiosa historia en la cual nos vemos acosados por un misterioso camión.
Simbólicamente, el camión podría asemejarse a todo lo negativo que hay en nuestro interior, a nuestros demonios internos que se transforman en ese camión viejo y oxidado que nos persigue sin cesar por la carretera de nuestra vida. Por otro lado, muchos defienden la teoría de que el film nos muestra la lucha del hombre frente a la máquina, de todas maneras, lo importante es no ver al conductor en ningún momento, sino exponer el contraste entre el orondo camión y el pequeño personaje.


Como ejemplo, sacaré del baúl una película relativamente reciente llamada Jeepers Creepers; en ella encontramos una excelente primer mitad donde se recrea, no sé si en homenaje o en vil plagio, toda una persecución de un camión (casi idéntico al de Spielberg) a un pequeño turismo en el que viajan dos personajes. A mitad del film, si mal no recuerdo, aparece el supuesto conductor (un monstruo patético) y destruye todo lo sembrado anteriormente provocando que la película de un giro de 180º y acabe siendo un bodrio en mayúsculas.

Quizás sea el Sol abrasador, o quizás sea esa reminiscencia a las leyendas urbanas que impregnan la esencia del film lo que hace que esta pequeña gran obra atraiga e hipnotice como pocas. Lo que es seguro, es que El diablo sobre ruedas es sinónimo de talento, mucho talento.

Slapstick automovilístico.


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