viernes, 20 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire, el juego de su vida


Cuando el pasado fin de semana decidimos ir al cine, no supimos muy bien qué película ver hasta el último momento. Lo cierto es que la cartelera actual está repleta de grandes nombres, pero no fue ése el motivo de nuestra indecisión, sino más bien la hora a la que llegásemos a la única sala que proyecta cine en versión original en Sevilla: el Avenida 5 Cines. Al final, llegamos a las 20:15 a la taquilla, una hora perfecta para decir: "Dos de estudiante para Slumdog Millionaire".

Aunque la sala estaba a rebosar de gente, conseguimos un buen sitio en un lateral desde el cual se veía la pantalla bastante bien, a pesar de que pueda aparentar lo contrario. No tenía grandes pretensiones para esta película, por lo que no le pedía mucho, aunque me sentía un poco reacia ante la historia. ¿Para qué engañarnos? Ver el famoso concurso del 50x15 en la gran pantalla tampoco me hacía demasiada ilusión, pero al fin y al cabo se había ganado el cariño del público y la crítica y había salido bien parada de los BAFTA y los Globos de Oro.

Quizás fuera por mi desconocimiento generalizado y mi falta de exigencia que la película me sorprendió gratamente. Se trata, sin lugar a dudas, de una película amena y dinámica que cumple perfectamente con su cometido: entretener al espectador. La película del "perro de chabola millonario" (que es lo que significa Slumdog Millionaire) no pretende ser un film sesudo que solicite una extremada concentración del espectador, pero sí supone una perfecta muestra de la vida en Bombay, de la que -por lo general- poco sabemos en Occidente. Además, esta unión entre los dos mundos, no se da únicamente en la ficción, sino que el filme supone un acercamiento entre Hollywood y Bollywood, industria -la india- con la que la primera siempre ha querido entablar contactos importantes. El hecho de que Danny Boyle -director de Trainspotting, film que poco tiene que ver con la colorida Slumdog- dirigiera un film de corte tan claramente bollywoodiense es muestra de ello.

Por todo esto, y por mucho más, no me queda más que recomendaros un film que -reitero- está lleno de color a pesar de que se base en un mundo gris. Pero no sólo esto, sino que además os recomiendo -y casi os exijo- que os quedéis hasta el final, incluyendo los créditos -y no sólo los que incorporan baile, que nos sirven de ejemplo de lo que signica el cine en la India-, sino también los de "sólo letra", pues la música que los acompañan merece ser escuchada.

Sin más, os dejo con una escena del film, probablemente una de las más simpáticas, que se corresponde con la imagen que ilustra esta entrada. Si aún no has visto la película, puedes ver el vídeo sin problemas, porque no desvela nada crucial de la trama. Pero si eres de los que prefieren enfrentarse al film sin haber visto nada de él, entonces te recomiendo que vuelvas cuando lo hayas hecho.


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