jueves, 12 de agosto de 2010

Crónicas de Tannhäuser: Psicosis (II)






“El mejor amigo de un niño es su madre”


Norman Bates, Psicosis





Entre aplausos, el director salió del estudio tras dar por buena la última toma que se rodó aquel primero de febrero de 1960 en los Revue Studios. Hitch, que conocía todos los recobecos y secretos de la película, aún tenía varias dudas en mente que no le dejaban conciliar el sueño, la primera de ellas era la elección del blanco y negro en el film, algo que creía que minaría el éxito de la película, entre otras cosas, porque siempre que pudo trabajó en color. La otra duda que le reconcomía no era de última hora sino que venía arrastrándola durante al menos un año; no estaba seguro de la eficacia del film, que aún reconociendo su brillante estructura narrativa y su carácter rompedor, no creía estar en una edad como para experimentar con su carrera con producciones independientes y guiones de alto riesgo, eso sin contar con la falta de una gran estrella en el cartel.

Poco se ha hablado de este asunto pero es bien sabido que Alfred pidió consejo al mismísimo Salvador Dalí con respec
to a la campaña publicitaria que debía hacerse con Psicosis, con el que ya trabajó en Recuerda (1945), diseñando una de las escenas onírico-surrealistas del film. El resultado se redujo a un mítico trailer de seis minutos de duración en el que Hitchcock aparece como la estrella del film, caminando de aquí para allá en medio de las localizaciones donde se rodó la película, con el Motel Bates a sus espaldas, explicándonos tranquilamente que tipo de historia veremos, mostrándonos los lugares donde se desarrollará la acción y previniéndonos de lo impactante que puede resultar a ojos de un espectador poco habituado al cine de terror.

Por último, al final del trailer nos quedamos un detalle muy significativo en el cual se estipula claramente que la entrada a la sala quedará prohibida una vez terminen los títulos de crédito ya que ningún espectador puede perderse ni un segundo de película tras haber arrancado. Claramente, la razón vino dada por el cambio de protagonista a mitad de la película, con ello quiero decir que un espectador podría entrar una vez arrancado el film y darse cuenta de que Janet Leigh no sale en ninguna de las escenas, tendría que preguntar a los demás espectadores para cerciorarse de que la protagonista acaba de morir a mitad de la película.

Cartel de la época que se estipula quela película ha de verse desde el principio.

No olvidemos que era 1960 y que en aquel entonces no era habitual mantener una producción bajo tanto secretismo, sobre todo si esta encabezada por un personaje tan mediático como Hitchcock, que yo recuerde Solo ante el peligro (1952) es otra de las pocas películas de la época que se mantuvieron en la oscuridad hasta el mismo día del estreno. Por lo tanto, el revuelo que se formó alrededor del film era un arma de doble filo que reclamó a un gran número de espectadores a las salas que, por contra, buscaban salir más que satisfechos de ellas.

El 16 de junio de 1960 fue el día señalado, el día en el que se detuvo el mundo del cine para mirar atentamente la última creación del orondo genio, el asesino de rubias, el poseedor de la mirada más valiosa del mundo. El mundo conoció la historia de Marion Crane (Janeth Leigh), una secretaria que mantiene una aventura con un hombre casado llamado Sam Loomis (John Gavin). Marion quiere casarse con Sam pero la situación es complicada y casi insostenible debido a las deudas heredadas de su padre que le tienen con el agua hasta el cuello. Al entrar a la oficina se topa con su jefe, el Sr. Lowery (Vaughn Taylor) que le pide que guarde 40.000$ de una venta realizada en la caja fuerte. Marion le pide el resto del día libre por culpa de un dolor de cabeza, sin embargo no se va del banco y se queda sola gran parte de la tarde. Su mirada permanece fija en el sobre del dinero, y embriagada por la emoción, decide llevárselo con ella y mantenerlo bajo su recaudo todo el fin de semana. Al subir al coche, introduce el sobre en una maleta y comienza a conducir por toda la ciudad. Sorpresivamente es descubierta por su jefe mientras estaba detenida en un semáforo. Marion, incapaz de disimular adquiere una actitud sospechosa e inquietante, hecho que le obliga a huir de la ciudad con el sobre de los 40.000$. Conduce en dirección a Fairvale (California) con la mirada puesta en el retrovisor y la sensación de estar siendo perseguida en todo momento. Tras pasar la noche en su automóvil, retoma la marcha a la mañana siguiente, sin embargo, un policía la detiene. De nuevo, sus nervios la delatan y hacen que el policía anote su matrícula y la siga durante un breve tiempo por la carretera. La psicosis de Marion le lleva a comprarse un nuevo coche para intentar que no la descubran. Al llegar la noche, una fuerte tormenta dificulta sobremanera la marcha de Marion hacia Farivale. Entre las gotas de lluvia que resbalan sobre el limpiaparabrisas logrará ver un cartel de neón que indica la entrada a un motel llamado “Bates Motel”. Allí conocerá a un joven y tímido Norman Bates (Anthony Perkins), aficionado a la taxidermia, con una clara fijación con los pájaros (¿Antesala de la siguiente película de Hitchcock?) y encargado del hotel junto con su madre.



El estruendo fue mucho mayor de lo previsto, en un primer momento el film se llevó críticas de todos los colores aunque con el paso de las semanas se fueron tornando en elogios y poco más tarde se le catalogó de obra maestra. El público respondió de la mejor manera, haciendo que los directivos de la Paramount se tiraran de los pelos ya que Hitch, al tener el 60% de los beneficios, se embolsó 16 millones de dólares en poco menos de un año. Parecía que todos los contras que el director británico veía en el film se habían convertido en los pilares que sustentaban el éxito del producto. Partiendo del más básico, el blanco y negro hizo que el film ganara en dramatismo y le otorgara una atmósfera siniestra a toda la obra. Cabe decir que gracias a esta elección, Hitch pudo cubrirse las espaldas en muchas escenas de la película, sobre todo en el celebérrimo asesinato de la ducha, donde presumiblemente la sangre hubiera cantado muchísimo, hundiendo la película justo en el punto más álgido, derrumbándola como si de un castillo de naipes se tratase. Como anécdota, Hitch y Saul Bass encontraron una manera de simular la sangre de una manera bastante realista basada en la mezcla de agua con chocolate negro, mezcla que no dudaron en utilizar para el film.


Por otro lado, el carácter voyeur de Psicosis era la comidilla de la crítica en aquel momento, provocando una gran disparidad de opiniones, ganándose enemigos por doquier al mismo tiempo que acérrimos defensores. El arranque de la historia es rompedor como pocos se hayan visto, en una habitación de hotel en Phoenix al mediodía donde tenemos a una pareja semi-desnuda que justo ha terminado de hacer el amor, para añadir, el hombre está casado con otra mujer y hablan de un posible divorcio, tremendo para ser 1960. El mediodía, la hora de los adulterios como se le conocía (y se le conoce), esas horas muertas en la jornada laboral que llevan a parejas furtivas a desfogarse en las habitaciones de un hotel cercano a la oficina, ya os podéis imaginar como se lo tomaron muchos espectadores.

Por último, Alfred temía que la película echara a perder todo el trabajo que le había llevado a estar en la posición en la que estaba, ya sea por su inusual estructura, la falta de grandes figuras en pantalla o su naturaleza experimental. El look y la atmósfera de Psicosis están inspirados en las carreteras, paisajes y arquitectura de Calfornia, para ser más exactos de la alta California. Aunque ahora nos parezca algo muy habitual y cotidiano, pocas películas focalizaron sus exteriores y su esencia visual en un paisaje como el de Psicosis, repleto de moteles de carretera (quizás fue la importadora de la palabra motel a nuestro país), luces de neón, policías con Ray-Ban Aviator y casas construidas sobre lomas con una arquitectura y diseño tan particular, tan siniestro, tan lovecraftiano, que helarían la sangre a cualquiera. Si unimos a todo ello la falta de una figura plenamente reconocible por el espectador, algo que Hitchcock siempre pretendía con ahínco, y una brillantísima estructura que nos dejara huérfanos de protagonista a mitad del film, señores, estamos perdidos. Curiosamente, Psicosis no nos entrega a ningún personaje con el que podamos identificarnos plenamente, tampoco nos ofrece a ninguno que nos pueda caer simpático, hecho que intensifica la extrañeza e inquietud entre la película y el espectador.


Y vuelvo a la estructura. Es brillante, es un juego continuo con el espectador que plantea dudas, conflictos, situaciones sin salida y resoluciones magníficas. “Siempre tuve en mente que el espectador intenta predecir en todo momento lo que sucederá a continuación, por eso intentamos hacer la película lo más sorprendente posible, dando giros en todo momento, planteándole un sinfín de situaciones por resolver al espectador”, palabra de Hitchcock. Esto nos lleva de nuevo al cambio de protagonista, invitándonos a reflexionar en el hecho de que en un primer momento nos hacen partícipes del robo de 40.000$ para después acercarnos a un personaje tan vil y terrorífico como Norman Bates, al cual defenderemos aún habiendo asesinado previamente a nuestra protagonista. Finalmente nos alejaremos de él solamente por la recurrente presencia de Lila Crane (Vera Miles) y el amante de Marion, los cuales investigarán junto con el detective Arbogast (Martin Balsam) la desaparición de Marion, cosa que nos llamará a la curiosidad por saber que es lo que Bates esconde tras esa facha de chico inofensivo y su terrible madre (capítulo a parte merecen las madres de Hitchcock en sus películas).


Finalmente todo confluye en el punto neurálgico de la ducha y no importa haber llegado a través de un Macguffin como el del dinero, sencillamente nos deja catatónicos, sobrecogidos y paralizados, nos inyecta tanto miedo en el cuerpo que nos impide olvidar la escena aún habiendo finalizado el film (aunque reconozco que siendo tan archiconocida, haya perdido fuerza), por eso, Psicosis se puede considerar una película en la que hay muy poca violencia, tan sólo un para de escenas. La escena de la ducha fue diseñada, planificada y rodada por Saul Bass, magnífico y legendario diseñador que trabajó con directores como Otto Preminger, Martin Scorsese, Stanley Kubrick o el mismo Hitchcock. Sus bocetos gustaron tanto que Hitch cedió todo el trabajo a Bass y su equipo de ayudantes. La escena se rodó con una doble para los planos más cortos y se cuidó de no mostrar nada que pudiera ser ofensivo para los espectadores, así como pudiera ser un pecho, algo curioso, ya que puedes mostrar como asesinan a una persona pero no enseñar un pecho. Recalcaría que no se aprecia ninguna cuchillada directamente y que todo está insinuado mediante el montaje. Son 3 minutos repartidos en 50 planos que han quedado para la posteridad, sobre todo el último plano de Janet Leigh con la cabeza en el suelo del baño, el cual es el que tiene la duración más larga aún siendo una imagen congelada. La escena causó estragos entre los espectadores, muchos de ellos tuvieron que salir de la sala aturdidos y desorientados por la brutalidad de la escena, aunque bien es cierto que suele suceder a menudo. De hecho, Hitchock recibió una carta de un padre preocupadísimo en la que se leía: “La niña (su hija) no puede bañarse desde que vio Las diabólicas y ahora tampoco quiere ducharse tras ver su película.” El director le respondió con; “Pruebe con toallitas húmedas.


Si Psicosis significó para Hitchcock el convertirse en “El maestro del suspense”, para la estrella del elenco de actores significó el principio del fin de su carrera. Anthony Perkins, el cual está sumamente increíble, no consiguió librarse de su papel como Norman Bates, hecho que le fue alejando paulatinamente de la industria y sólo consiguió papeles en películas de menor talla. La relación de amor-odio que mantenía con Psicosis le acompañó hasta el fin de su carrera. En 1983 protagonizó la nefasta secuela de Psicosis, un burdo film de serie B que no podía optar a compararse a la película de Hitchcock. No obstante, preferiría verla veinte veces antes que las dos secuelas siguientes, Psicosis III (1986) y Psicosis IV: El principio (1990), la primera de ellas dirigida por el mismo Perkins y la segunda hecha para televisión.

Me detengo aquí. Siempre hay más que decir, algo que añadir o alguna puntilla que perfilar, no obstante, mis palabras no valen nada comparadas con la experiencia de vivir Psicosis por primera vez. Con motivo de este especial pude disfrutar de nuevo de esta película, corroborando que el tiempo no está hecho para ella, parece vivir en una burbuja tan hermética que no sufre cambios con el paso de los años. Es sin duda una película extraña y siniestra, poco convencional e irrepetible, una vivencia única, la película de las películas de terror.

Hay que verla antes de morir.


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