“Por ahora todo va bien... por ahora todo va bien...”
Hubert, El odio
Justo en el punto. Así podría definirse con pocas palabras lo que consiguió Mathieu Kassovitz con El odio (La haine), película que nos muestra la realidad de los suburbios de París a finales del 95. Recientemente rescatada de un incomprensible olvido debido a los últimos altercados que han acontecido en la capital parisina en 2005, El odio parecía entrever a mediados de la década pasada los peligros que amenazaban el equilibrio y bienestar en los alrededores de las grandes capitales francesas. La fuerte represión policial, la marginación social, el desempleo y la discriminación racial, han hecho de los suburbios de París un hervidero repleto de traficantes, droga, prostitución y violencia, un caldo de cultivo que explotó con la entrada del nuevo siglo. La obra de Kassovitz nos muestra la otra cara de la París de postal, un colectivo que contrasta con la socialité de la capital, un mundo aparte habitado por los olvidados de Francia, a sólo unas pocas paradas de metro del corazón de la ciudad del amor se encuentra la ciudad del odio.