jueves, 18 de febrero de 2010

Crónicas de Tannhäuser: La noche de los lápices

"Nosotros ya estamos muertos. No nos olvides Pablo."

Claudia, La noche de los lápices


Durante el transcurso
de nuestras vidas vamos acumulando experiencias y almacenando recuerdos en la memoria; entre ellos están nuestro primer amor, la primera vez que nos rompieron el corazón, el primer viaje con los amigos, la persona con la que perdiste la virginidad, el primer día de universidad, la primera gran bronca en el trabajo y también el primer éxito. Entre ese gran amasijo de emociones y recuerdos siempre hay una banda sonora, un libro o una película para cada momento. Esta es una película que no os dejará para nada indiferentes.

La noche de los lápices es una de esas películas que no brilla por la técnica, en ella no encontraremos interpretaciones estelares ni nos enfrentaremos a un complejo y virtuoso montaje, en cambio, y hablo a nivel personal, es una de esas películas que siempre quedará grabada a fuego en lo más profundo de mi retina.

Estrenada en 1986, La noche de los lápices es una película argentina de Héctor Olivera basada en el libro de mismo nombre de María Seoane. Éste trata sobre la fatídica noche del 16 de septiembre de 1976 (denominada “Noche de los lápices”) cuando diez estudiantes de secundaria de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y asesinados por reclamar el "boleto estudiantil" durante la dictadura de Videla. Los diez estudiantes (seis de ellos menores de edad y de las cuatro chicas que había, dos estaban embarazadas) reivindicaban el derecho a la libertad política, como también solicitaban cosas mucho más mundanas como por ejemplo la reducción del precio de los billetes de transporte público para estudiantes. De los diez, sólo sobrevivieron 4.

La película deja de lado el contexto socioeconómico de la Argentina de los 70 y se centra exclusivamente en los estudiantes, gracias a esto podemos acercarnos mucho más a ellos y ver el mundo que les rodea desde su joven e inexperta mirada. Así transcurre la primera parte del film, centrada en cada uno de los personajes, sobre todo en los dos protagonistas, Pablo (Alejo García Pintos) y Claudia (Vita Escardó).


El personaje de Pablo (Pablo Díaz en la realidad) es el alma del film, quizás el más inocente ya que está en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) solamente porque está enamorado de Claudia. Afortunadamente Pablo logró sobrevivir y colaboró con Héctor Olivera y María Seoane en la elaboración del film. Claudia (María Claudia Falcone) encarna a una de las cabecillas del “movimiento”; es una chica inteligente y emprendedora que encandila a Pablo desde el primer momento, por otro lado, ella fue la más joven de los diez, tan sólo contaba con 16 años cuando la secuestraron y actualmente continúa desaparecida.

La segunda parte del film se basa en las torturas que sufrieron en un centro de detención clandestino (supuestamente la Brigada de Investigaciones de Banfield) con el fin de sustraerles información sobre los grupos políticos clandestinos dentro del ámbito académico. Todos ellos permanecieron en celdas individuales durante un largo periodo de tiempo con los ojos vendados, desnudos y alimentados a base de pan y agua mientras sufrían innumerables y despiadadas torturas.


Respecto al guión y a la realización del film me gustaría resaltar el contrapunto que hay entre los dos bloques de la película. En el primero, como ya dije antes, se basa en los personajes y en el movimiento estudiantil de la UES. En este bloque la película nos sirve en bandeja una serie pequeños detalles de las vidas de los personajes, en un principio nimiedades, tonterías de adolescentes, pequeños y dulces frutos que nosotros, espectadores confiados no nos vamos a negar a probar. Entre ellos descubrimos la atracción que sienten los dos protagonistas, el empuje y la fuerza que tiene Claudia en la lucha por las causas justas junto con la esperanza de encontrar la bondad en el corazón de todas las personas acaban por constituirla como una chica inocente, pura y aún incorrupta.

El contraste entre los dos bloques del film constituye la clave de la dureza y la efectividad de la película. En esta segunda parte podemos ver como se da rienda suelta a los demonios internos de cada uno de los secuestradores que acaban por convertir las celdas en el lugar más apartado del mundo, un reducto lleno de horror y crueldad fuera de los límites del tiempo, en definitiva, su infierno particular.

En último lugar me gustaría destacar dos detalles que se me quedaron en el tintero; el primero es la gran canción de Sui Generis que encabeza la banda sonora del film (Rasguña las piedras), quizás la canción más famosa del dúo argentino, la letra es sencillamente estremecedora. En segundo lugar resaltaría el debut cinematográfico de Leonardo Sbaraglia que en aquel entonces contaba con tan sólo 16 años, en el film interpreta el papel de Daniel.

Sin más dilaciones me despido sin antes expresar mi admiración hacia esta pequeña gran película. Tal y como dije al comienzo del texto, no brilla por la técnica, ni por el guión, ni por tener un fantástico elenco de actores. No obstante, es una película honesta y sencilla, hecha con motivo de denuncia y en homenaje a los 238 estudiantes que desaparecieron durante la dictadura de Videla. Una de las mejores películas del cine argentino.


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