jueves, 11 de marzo de 2010

Crónicas de Tannhäuser: Drácula de Bram Stoker

"He cruzado oceanos de tiempo para encontrarte..."

Drácula, Drácula de Bram Stoker


Contaban ocho inviernos en mi haber cuando una fría noche de diciembre mis padres me enviaron a dormir más temprano de lo habitual. Recuerdo que era diciembre porque poco antes fue mi cumpleaños y gracias a ello pude disfrutar de mis nuevos juguetes en la tranquilidad de mi cuarto. Poco después escuché una terrible música tras las paredes. No sabía que estaba sucediendo allá afuera, en el salón, pero debía averiguarlo.

Abrí la puerta lenta y
sigilosamente, caminé de puntillas y descalzo sobre las frías baldosas de cerámica hasta llegar al salón. Una vez allí, me agaché y escondí bajo la mesa del comedor, desde ahí tenía una perspectiva perfecta de lo que estaba sucediendo. El salón estaba a oscuras y podía vislumbrar los rostros de mis padres iluminados por la luz que emitía la televisión. En la pantalla vi unas imágenes que parecían estar prohibidas para un chico de mi edad, curiosamente, la primera imagen que vi es la que siempre recuerdo al pensar en esta película; es la imagen en la cual cae la cruz cristiana que hay sobre la cúpula de la iglesia de Santa Sofía para ser reemplazada por la media luna musulmana. Esa imagen, unida a la voz en off que iba narrando los hechos con aquel acento alemán, muy bien interpretado por cierto por el actor de doblaje Camilo García, me parecieron de las cosas más terroríficas que jamás había visto.

Tenía ganas de probar cosas distintas”, fueron las palabras que Coppola dijo en el making off de Drácula. En la filmografía del director se contaban películas tan memorables como Apocalypse Now, La Conversación o El Padrino I y II, todas de un corte muy sobrio tanto en la historia como en la realización y que acabaron por consagrar a Coppola como uno de los mejores directores de la época.

El orondo director decidió adaptar la novela de Bram Stoker junto con el guionista James V. Hart. Esta adaptación es la más fiel a la obra original de todas las que se han hecho, sin embargo, la película abandona en muchos momentos el terror para acercarse más al erotismo, de hecho, hay una enorme carga sexual latente en todas las escenas, sobre todo cuando tenemos al conde en pantalla, el cual se asemeja más a un vampiro de Anne Rice que no al Drácula original de Stoker. En definitiva, en la versión de Coppola nos encontramos con un Drácula enamorado, romántico y mucho más complejo que el de la versión de Stoker.


La archiconocida trama trata sobre la historia de un conde llamado Vlad Tepes (Gary Oldman) que vive en un antiguo castillo en Transilvania. Tras la muerte de su esposa (Elisabeta) durante las guerras contra los otomanos decide renunciar a Dios y entregarse a las tinieblas, esto provoca que se convierta en un no muerto, un vampiro. 500 años después, Jonathan Harker (Keanu Reeves) es enviado a Transilvania con la misión de entregar una serie de documentos referentes a a la adquisición de unas viviendas en el centro de Londres a un tal conde Drácula. Harker comienza a vislumbrar unos extraños acontecimientos en el castillo, finalmente es apresado y encerrado en él mientras el conde se dirige a Londres con la intención de robarle a su prometida, Mina Murray (Winona Ryder), que tiene un asombroso parecido con su difunta esposa Elisabeta. Harker consigue escapar del castillo y volver a Londres donde avisa a todos de lo sucedido en las tierras de los Cárpatos. Van Helsing (Anthony Hopkins) se entera de ello y decide crear un plan para acabar con la demoníaca criatura.

De todas las interpretaciones destacaría la de Gary Oldman, como casi siempre está enorme. Su interpretación va variando desde un “apacible” y tranquilo anciano hasta un atractivo príncipe extranjero pasando por un horrible hombre lobo o un murciélago gigante. Como anécdota, Oldman tuvo que rebajar una octava su tono de voz para dar un tono más aterrador al personaje. Oldman transmite una sensación animal a la pantalla, la mera presencia de Drácula en la pantalla ensombrece al resto de personajes; “Para interpretar a Drácula se requiere de un ego del tamaño de Florida”, Gary Oldman dixit. Uno de los elementos que más han trascendido de este film ha sido la banda sonora compuesta por el músico polaco Wojciech Kilar, pilar fundamental en el que se aguanta toda la estética tenebrosa del film que nos acompaña y transforma desde un transitado Londres victoriano hasta las catacumbas del castillo de Drácula. Quizás por no ser conocido en EEUU no fue nominado a los Oscars, igualmente fue una injusticia ya que la banda sonora de Drácula esta considerada hoy en día como una de las mejores en la historia del cine.

Sin lugar a dudas esta es la película más rica de Coppola en lo que a elementos artísticos se refiere. En el film nos topamos con un Coppola desmelenado que hace gala de sus mejores dotes técnicas y artísticas con un gran número de trucos ópticos, planos superpuestos, secuencias a 16 fps, escenas rodadas al revés, stop motion o incluso sombras chinescas.

Este afán de Coppola por “jugar” con la cámara unido a una magistral dirección artística dota al film de una atmósfera única y extraña que nos incomoda en todo momento, al igual que nuestro protagonista Jonathan Harker, quizás este es uno de los mayores logros del film, que nos sintamos bajo una eterna y latente amenaza, que nos introduzcamos en la boca del lobo y nos veamos obligados a convivir con las criaturas más oscuras y tenebrosas del imaginario cultural. No hay que olvidar que la atmósfera se ve nutrida por el enfermizo trabajo del sonido llevado a cabo por David E. Stone y Tom C. McCarthy, seguramente uno de los mejores trabajos sonoros dentro de la historia del cine de terror. Fueron ganadores del Oscar.



Sin que se me quede en el tintero, es apreciable la influencia del cine expresionista en la fotografía de Michael Ballhaus, sobre todo por el tenebroso juego con la sombra del conde que guarda muchas similitudes con el Nosferatu de Murnau. Por contra, esta película tuvo (y tiene) muchos detractores que criticaron a Coppola justamente por el exceso de elementos fantasiosos y oníricos (pesadillescos más bien). La recargada atmósfera fue tachada de manierista e incluso risible en algunas escenas.

En el film destaca el trabajo de vestuario de la diseñadora nipona Eiko Ishioka (Mishima, La celda), el cual se encuentra en el MOMA de Nueva York. Ishioka afirmó abiertamente la influencia directa de artistas del XIX como Gustav Klimt en sus diseños como también de sus raíces japonesas, de hecho, el atuendo que Drácula lleva puesto cuando recibe a Jonathan en el castillo es un kimono rojo de larga cola con una peluca kabuki. La gran coordinación que tuvo Ishioka con el equipo de maquillaje encabezado por Greg Cannom, Michèl Burke y Matthew Mungle hizo que ganaran el Oscar al mejor vestuario y maquillaje.

Drácula de Bram Stoker es quizás una de las mejores películas de terror de los últimos tiempos, una pionera en el momento de conjugar a la perfección lo que sería el romance y el terror, cosa que se perfeccionó más tarde Entrevista con el vampiro, puliendo la estética y estableciendo un nuevo cánon, un nuevo tipo de vampiro. Actualmente, esto se ha ido desfasando hasta encontrarnos con aberraciones como Crépusculo, carentes del espíritu y el alma de esas primeras producciones.

Volviendo a aquel episodio de mi infancia; recuerdo que no pude seguir mirando la película tras observar como se movía la sombra del vampiro. En aquel momento me caí de espaldas y moví una de las sillas que habían a los lados de la mesa. Mi madre se percató y me preguntó que es lo que hacía metido bajo la mesa, seguidamente me envió a la cama y recuerdo que no pude conciliar el sueño hasta que se hizo de día y volví a estar a salvo de nuevo.


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