viernes, 8 de octubre de 2010

Crónicas de Tannhäuser: Atraco perfecto



“Te gusta mucho el dinero.
Tienes una gran moneda donde el resto de mujeres tienen un corazón.”

Johnny Clay, Atraco perfecto





El éxito es sinónimo de triunfo, una distinción de notoriedad y renombre ante el resto, una prueba inapelable del crecimiento de una figura ante el resto del mundo. También, por contra, es sinónimo de envidias y cuchicheos, momento oportuno para que eternos desconocidos surjan a la luz para ensuciar el nombre y repatear la figura que atrae todas las miradas. De todos modos, nadie puede negar un éxito rotundo por mucho que se difame sobre la persona, nadie puede cambiar el transcurso natural de las cosas una vez puestas en marcha, y menos cuando no se tienen argumentos para probarlo.

Sin duda, Atraco perfecto (1956) reúne todo lo dicho en el párrafo anterior, convirtiendo a Stanley Kubrick en un talentoso y joven director que se había hecho un hueco en la Meca del cine tras su tercera película. Ambos (película y director) atrajeron todas las miradas a causa de la innovadora manera de dirigir que tenía el director neoyorkino. La juventud del director (28 años) unida a su inconmensurable arrogancia, provocó que se le colocara en la línea de fuego de las críticas de un sinfín de personajes de la industria que no se mordieron la lengua al ningunear el trabajo de Kubrick.

No nos confundamos, la película no fue un éxito de taquilla, sin embargo hizo que todo el mundo conociera a Kubrick. El beneficio del film estuvo basado en el crédito que Kubrick ganó en Hollywood, suficiente como para que al siguiente año dirigiera la excelente Senderos de Gloria (por lo visto, Kirk Douglas lo quiso como director tras ver Atraco perfecto). Aunque por otro lado, Atraco perfecto (The Killing en inglés) significó el inicio de una prolífica dupla que terminó por darle a Kubrick el empujón que necesitaba hacia el estrellato. El hombre era James B. Harris y era un pequeño distribuidor de televisión que había quedado prendado con el anterior film de Kubrick, El beso del asesino (1955). Harris le propuso co-producir su siguiente film, consiguiendo que la United Artists pusiera 200.000$ sobre la mesa y que Harris soltase otros 120.000$ de su bolsillos, completando la suma de 320.000$ para producir el film. “Le di a Stanley carta blanca para crear y el me dejó todos los problemas monetarios a mi.”, dijo más tarde James B. Harris. El dinero, sin embargo, no era ningún problema para Kubrick, que aceptaba las condiciones de rodar el film en tan sólo cinco semanas con tan irrisoria cantidad de dinero; “Queríamos hacer buenas películas, y hacerlas baratas. Esas dos cosas no son incompatibles.”, frase que demuestra que Kubrick no siempre fue un tirano, como se pudo ver con sus posteriores películas y altercados durante los rodajes.


James B. Harris compró los derechos de Clean Break, novela del noirista Lionel White que iría como anillo al dedo a un Kubrick que quería resarcirse de su anterior fracaso con El beso del asesino. Ambos decidieron contar con la colaboración de Jim Thompson, mítico guionista de cine negro poseedor de un don divino con los diálogos. Entre Kubrick y Thompson se gestó uno de los guiones más brillantes del cine de los cincuenta, innovando en la manera de narrar una historia que evoluciona a la par que los propios sucesos del film, regalando al público una introducción de nada más y nada menos que sesenta minutos, restándole veintitrés para finalizar el film. De vanguardia calificaría el uso de los flashbacks y la voz en off en el film, herramientas poco habituales en la época que dotaron al film de una frescura y dinamismo avanzados a su tiempo, de hecho, se puede decir que películas como Pulp Fiction (1994) son deudoras de Atraco Perfecto.


Johnny Clay (Sterling Hayden) ha pasado los últimos cinco años en prisión. Estos años los ha invertido en pensar sobre como hacer el golpe perfecto, un atraco limpio y sin complicaciones a un hipódromo, consiguiendo así la sustanciosa cantidad de dos millones de dólares. Tras salir de la cárcel buscará a cinco hombres para que le acompañen en el atraco, éstos no podrán ser criminales, sino ciudadanos sin antecedentes, gente corriente que necesite el dinero desesperadamente. En la operación le acompaña un policía corrupto Randy Kennan (Ted De Corsia), un hombre que necesita el dinero para sanar a su esposa enferma, Mike O’Reilly (Joe Sawyer), también estará George Peatty (Elisha Cook Jr.), un (medio) hombre que allá donde mire verá pretendientes de su atractiva esposa Sherry (Marie Windsor) y por último Nikki Arane (Timothy Carey), un experto tirador que deberá disparar al famoso caballo Relámpago Rojo mientras corre en el hipódromo. Entre todos intentarán dar el golpe perfecto, sin embargo, todo atraco perfecto tiene sus propias imperfecciones.


He mostrado una audacia con los diálogos y la cámara que Hollywood no ve desde la época del turbulento Orson Welles.”, he aquí el martillazo de Kubrick para acallar las innumerables críticas que caían sobre él tras el estreno del Atraco Perfecto. Entre ellas encontramos una del mismísimo Jean-Luc Godard que calificó el film de “poca cosa” y dejando a Kubrick como un pobre imitador de Max Ophüls, Robert Aldrich y John Huston, éste último por ser el director de La jungla de asfalto (1950), film que protagonizó el mismo Sterling Hayden y guarda incontables reminiscencias con Atraco Perfecto. El film fue definido como simple, lineal y previsible, demasiado directa y muy poco sutil, algo que aún hoy se sigue afirmando.


Y yo lo afirmo también. La película, aunque tenga flashbacks y saltos en la narración, toma una dirección única enfocada en el atraco, sin embargo, no lo tomaría como algo negativo, sino todo lo contrario, ya que la gracia está en la manera en como nos cuentan la historia. La dureza y sequedad del film nos lleva directamente al grano, no se anda con prólogos ni se recrea en profundizar en los personajes, sino que se va descubriendo y desarrollando a medida que el plan del atraco va avanzando, uniendo el planteamiento del film junto con el planeamiento del golpe (siempre le vi certas similitudes con El golpe (1973)). La voz en off, que tildaría de bastante robótica dicho sea de paso, nos va trasladando entre los diversos espacios y situaciones donde transcurre la acción, impidiendo que nos perdamos cualquier detalle esencial de la trama.

El elenco de actores es más que digno para una película de tan ínfimo presupuesto. Destacaría Sterling Hayden, actor reconocido como gran secundario que encontró en producciones de serie B su cabida como protagonista. Como decía Garci, Sterling ‘Cara de palo’ Hayden, se coordina perfectamente con el tempo del film. El ritmo es la clave de la película y Hayden lo interpreta a la perfección con una interpretación enérgica, cruda e inexpresiva. Garci dijo sobre él: “Es imposible saber lo que está pensando cuando le miras a los ojos”.
El resto del elenco está formado por grandes actores de oficio que enriquecen la trama llevándola y soportan el peso del film junto con Hayden. Éstos terminan por conformar una cuadrilla de perdedores abocados al fracaso. Es algo palpable en sus rostros y en la atmósfera del film, un mínimo espacio en el film para la reflexión sobre la delgada línea que separa el éxito del fracaso.


Llama la atención la importancia de las dos actrices de peso en el film, Sherry Peatty (Marie Windsor) y Fay (Coleen Gray). La primera es el ejemplo de la mujer perturbadora, recuerdo indeleble de la manzana podrida que, introducida en la misma cesta que las demás, termina por pudrir el resto de manzanas. La segunda es la novia de Johnny Clay (Sterling Hayden), una chica perdidamente enamorada, un objeto sexual que obedece y sigue todas las decisiones de su amante, por decirlo de alguna manera, una mujer que no da problemas. Ambas tienen una relación antagónica con el robo y se postulan como elementos de equilibrio y desequilibrio dentro del grupo de atracadores. El éxito que le otorgó esta vieja fórmula le invitará a seguir desarrollándola con producciones posteriores, culminándola con Lolita (1962) y Barry Lyndon (1975). De hecho, la mujer en la filmografía de Kubrick suele tener un espacio bastante pobre (a excepción de Lolita), distinguiéndose en tres clases claramente identificables: las madres, las mujeres florero y las arpías.


Aún sufriendo la censura del Código Hays en el desenlace (estipulaba que el crimen nunca puede triunfar), Atraco perfecto es una brillantísima película que ha vivido injustamente a la sombra del resto de éxitos de Kubrick, cuando en realidad se podría postular como una de las más frescas y que mejor ha soportado el tiempo de toda su filmografía. La valentía del director residía en la voluntad de contar una historia para muchos incontable, simplificando su narración mediante una magistral estructura, un agudo guión y un esplendoroso dominio de la cámara. Su legado en el estilo y la forma de narrar un suceso perdura hasta hoy, dejando huella y sentando cátedra en la historia del cine, mostrando su influencia en directores de la talla de Quentin Tarantino, Guy Ritchie o Michael Mann. El primer gran Kubrick.

Casi perfecta.


"Si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado"

Stanley Kubrick


2 comentarios:

Lourdes dijo...

hola! gran informe, sobre todo la frase del final, en fin no tengo la suerte de haberla visto, sino obviamente mi comentario seria mucho mejor.
de todos modos quise pasar a saludar.
besos

Pablo Arias dijo...

Muchas gracias, te la recomiendo, no la dejes pasar!

Un saludo.

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