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viernes, 28 de enero de 2011

Crónicas de Tannhäuser: Perdición







“¿Cómo iba a saber yo entonces que el asesinato tiene aroma a madreselva?”

Walter Neff, Perdición





Cada uno recordará c
on mayor o menor aprecio el día en el que hicieron algún tipo de descubrimiento que le haya hecho cambiar su punto de vista sobre algo en concreto. Por poner tres ejemplos: Wilco para mí (y sé que no soy el único) significó un punto de inflexión en lo que a gustos musicales se refiere, Caravaggio me arraigó a un gusto específico y muy personal dentro del campo pictórico, Messi me cambió el concepto de “crack del fútbol” a “acontecimiento histórico”.

Perdición (Double Indemnity) fue como quitarme una venda de los ojos, una película reveladora que llegó en un momento oportunísimo que trastocó mis mal asentados cimientos sobre el cine a la tierna edad de dieciséis añitos. Curiosamente estoy hablando sobre una película q
ue ha terminado por situarse en las bases del film noir americano de los cuarenta, un ejercicio de estilo que muchos autores han calcado casi literalmente. Curioso es también que Wilder sea uno de esos directores a los que a nadie le da miedo copiar. Su cine, generoso y entregado al público como pocos, demuestra el sacrificio de un cineasta en todos los procesos de creación de una película, una persona que se vaciaba en cada una de las líneas componían sus guiones. El cine de Billy Wilder es de propiedad universal, un libro abierto al cual recurrir en momentos de duda, un manual de como hacer una película, cada film suyo es un regalo de valor incalculable para cualquier amante del cine.

A decir verdad, Perdición fue una película a la que le costó muchísimo ver la luz en su día. Lo que hoy puede parecer un “clasicazo” en todos los sentidos o despertar un “ya lo he visto” dentro de la cabeza de cada uno, en los cuarenta fue una película transgresora, un primer round ganado al Código Hays dentro de la tradicionalista moral de Hollywood. Claro está que directores como Howard Hawks, Mervin LeRoy, John Huston o incluso Fritz Lang, fueron los que encabezaron el movimiento del clásico film noir hollywoodiense con películas como Scarface, Hampa dorada o El halcón maltés, entre otras tantas. La gran depresión y el auge del sindicato del crimen fueron el tema de moda a lo ancho y largo del territorio americano. El testigo lo acabaría recogiendo Billy Wilder, dando pie además a una larga lista de directores que prolongaron su legado (Otto Preminger por ejemplo) y no se avergonzaron en admitir la gran influencia de su trabajo en su propio cine.


Dando unos pasos de gigante hacia atrás, nos fijamos en un turbulento asesinato que se convirtió en la comidilla en la Gran Manzana durante el verano del 27. Ruth Snyder y su amante, el vendedor de corsés Judd Gray, protagonizaron las primeras planas de los diarios nacionales al ser condenados a pena de muerte por el asesinato de Albert Snyder, marido de Ruth. La torpeza del crimen fue tal que la policía los detuvo casi al instante al darse cuenta de la importante suma de dinero a la que ascendía la póliza de seguro del esposo. La difusión de la historia pro parte de la prensa sensacionalista llamó la atención de novelistas como James M. Cain, el cual, inspirado por el acontecimiento, escribió Perdición, novela que no se editó hasta 1935.

Su publicación fue una tarea harto costosa a causa de la censura, además, Cain tenía la intención de llevarla a la gran pantalla, hecho que no consiguió hasta su segunda publicación de la novela, esta vez con el nombre de Three of a Kind. Como ya sabéis, fue Wilder el que se interesó en el relato, desoyendo las recomendaciones que venían desde arriba y que le invitaban a abandonar un proyecto viciado desde sus raíces. No era para menos, la novela de Cain burlaba los principios fundamentales del Código Hays y su adaptación cinematográfica abriría una brecha muy difícil de cerrar para los organismos censores de la época.


Los responsables de su adaptación fueron el mismo Wilder y Raymond Chandler (autor de El sueño eterno). Estos, a pesar de mantener una nefasta relación (Wilder diría más tarde que Chandler tenía mucho de Hitler), finalizaron uno de los guiones más brillantes de la historia del cine, aunque muchos censores no estuvieran de acuerdo con esta libre opinión. Los puntos fundamentales que el film violaba del código fueron: que la película estaba protagonizada por dos personajes que mantenían una relación adúltera, en segundo lugar nos encontramos con un film en el cual se detalla paso a paso como cometer un crimen “perfecto”, y por último lo peor, que no eran castigados por la ley. De esto último ya se encargaron ambos guionistas de solucionarlo mediante la “justicia divina”, del resto, poco pudieron hacer los censores al respecto.

El argumento es más sencillo de lo que parece, sencillamente nos quedaremos con los cuatro elementos fundamentales. En primer lugar tenemos a Walter Neff (Fred MacMurray), un agente de seguros bastante cínico y falto de escrúpulos que no duda en tirar la caña a la rubita señora Dietrichson (Barbara Stanwyck). En un principio huye de ella al percatarse de que quiere adquirir un seguro de vida para su marido sin que este se dé cuenta. La codicia y la lujuria terminan por hacerse sus aliados y despejar las dudas sobre si entrometerse o no en las faldas de la señora Dietrichson. Finalmente, el plan perfecto surte efecto y terminan por dar un billete directo hacia el otro barrio al pobre Sr. Dietrichson (Tom Powers). A todo esto, no pueden cantar aún victoria, aún resta un último hueso por roer y este es sin duda el más duro. Barton Keyes (Edward G. Robinson), el perseverante y meticuloso jefe de Walter, sospechará de la viuda e iniciará una investigación para adivinar la identidad de su cómplice.


Este clásico del cine negro además está aderezado con ese toque único de Wilder que dota a la narración de un carácter especial. El humor negro de Keyes, la típica femme fatale interpretada por Stanwyck, la fórmula resultante de la unión de una mujer desesperada con un hombre cegado por la codicia, o el exquisito (e innovador) modo narrativo mediante el cual se desarrolla la película, sentaron cátedra en aquel abril del 44, abriendo la puerta a una nueva y renovada hornada de autores de cine negro. La censura poco pudo hacer al respecto, el éxito en taquilla y los múltiples reconocimientos en los Oscar (se llevó 7 nominaciones) evitaron que la primera obra maestra del director austrohúngaro se quemara en los fuegos de la vergüenza.

No fue la primera vez ni la última en la que Wilder jugó con fuego. Traidor en el infierno, Testigo de cargo, El apartamento o Con faldas y a lo loco, fueron películas que aunque no se sepa, o mejor dicho, se sepa poco, corrieron peligro de quedar varadas a kilómetros de las salas de cine. Por fortuna no fue de ese modo y Wilder continuó forzando a la industria con su cine, regalándonos joyas año tras año, consolidándose como uno de los mayores expertos en su oficio, haciendo historia allá donde fuera.

Y sí, con dieciséis años pude verla durante una noche de esas en la que poco tienes que hacer. En realidad, poco quieres hacer y, de todos modos, hagas lo que hagas te va a saber a más bien poco.

No hay nada mejor para hacer que verla.


lunes, 19 de julio de 2010

El verano de los géneros: THRILLER


Si la semana pasada la dedicamos a reírnos un poquito, en ésta nos ponemos serios para sentir la emoción de la intriga. Llega la semana del thriller, con el suspense como ingrediente principal y el misterio, los detectives, los gánsters, los espías, el crimen y el cine negro como reparto estelar.

¿Recordáis a Harold Lloyd? Hablamos de él precisamente la semana pasada por sus dotes cómicas. Sin embargo, su película El hombre mosca (1923) está considerada una tímida iniciación del thriller cinematográfico (por su escena del reloj), aunque sí somos más exigentes quizás sea M (1931) de Fritz Lang el primer thriller que responde a las características del género al basarse en la vida del asesino en serie Peter Kurten. Otros títulos de la época son Murders in the Zoo (1933), El legado tenebroso (1927) y El hombre y el monstruo (1931), basada en la obra del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

El thriller psicológico llega en los años 40 de la mano de George Cukor y su película Luz que agoniza (1944), protagonizada por Ingrid Bergman. También son los años del cine negro y de Laura (1944), cuyo argumento gira en torno a la investigación de un asesinato. Tres años más tarde, Orson Welles dirige a Rita Hayworth como femme fatale en La dama de Shangai (1947).

No podemos olvidarnos, en estos años, de un grande del suspense como Hitchcock, que en 1948 dirige con maestría La soga, donde unos jóvenes tratan de ocultar su "crimen perfecto" a los invitados de una fiesta. Antes de ésa, vinieron muchas otras (El enemigo de las rubias, La muchacha de Londres, 39 escalones...) y, después de ella, otras tantas (La ventana indiscreta, Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis...).

En estos años, como vemos, el thriller está muy relacionado con la intriga y el cine negro. El sueño eterno (1946) de Howard Hawks coincide con ambos y además es una de esas grandes películas que no se olvidan. Junto a ella, Retorno al pasado (1947) y Perdición (1944), del siempre fantástico Billy Wilder.



Regresa con fuerza en los setenta, cuando se producen títulos conocidos por todos como The French Connection (1971), en la que dos policías investigan una red de traficantes de drogas, o Chinatown (1974), donde Roman Polanski homenajea al cine negro de décadas atrás. El largo adiós (1973) es otro título del género que se estrena en esta época. Este tipo de cine lo recuperan los hermanos Coen con películas como No es país para viejos (2007), que le valió el Oscar a Javier Bardem.

En los noventa el género del thriller se hibrida con la acción en cintas como Misión Imposible (Brian de Palma, 1996). Antes, en 1992, se estrena en el cine un tipo de thriller erótico como Instinto básico, con Michael Douglas y Sharon Stone a la cabeza. Al finalizar la década, nos encontramos con el Asesinato en 8 mm de Joel Schumacher.



Al otro lado del milenio, seguimos con géneros hibridados, esta vez de la mano de Déjà Vu que reúne el thriller, la ciencia ficción, el drama y la acción. En España realizamos nuestra propia aportación con un Crimen Ferpecto (2004) de Álex de la Iglesia y Los cronocrímenes (2007) de Nacho Vigalondo. En 2007, Woody Allen presenta El sueño de Cassandra, que no tiene mucho éxito entre críticos y público (aunque una que está aquí la sigue defendiendo), pero que nos presenta elementos característicos del thriller. Mayor éxito tuvo, sin duda, Death Proof de Quentin Tarantino.

Fuente | Time Out

domingo, 20 de septiembre de 2009

Previously on... 14 - 19 Sep


Si la semana pasada fue de sequía, ésta ha sido de lo más próspera en lo que a entradas se refiere.

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Lunes: comenzamos la semana con Líbano, ganadora del León de Oro en Venecia, para continuar con otro filme, Law Abiding Citizen, un thriller psicológico protagonizado por Gerard Butler y Jamie Foxx.

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Martes: regresa Gossip Girl, que estrena temporada, y nosotros os ofrecemos algunos sneak peeks que aligeren la espera. Además, la Academia de Cine anuncia las películas preseleccionadas para representar a España en esta edición de los Oscar. Para terminar, una triste noticia: fallece el actor Patrick Swayze a los 57 años de edad.

- Miércoles: se estrena The Beautiful Life, la nueva serie de The CW. Si necesitáis un par de razones para verla, nosotros os las proporcionamos. Además, os presentamos París, un film acerca de la vida, la muerte y las relaciones sociales con muy buena pinta.

- Jueves: os informamos de que Cuatro ya tiene programada la fecha de estreno de Flash Forward: será en octubre. El fin de semana anterior vimos Perdición, una fantástica película de Billy Wilder que os teníamos que recomendar. Terminamos la tarde con otra noticia: Trueba será galardonado en el Festival de Sevilla.

- Viernes: da comienzo el Festival de San Sebastián, el más importante del panorama español, con la visita de Quentin Tarantino y Brad Pitt. Sin embargo, en Sevilla tampoco nos podemos quejar, ya que Tom Cruise y Cameron Díaz rodarán algunas escenas en nuestra ciudad. Por la tarde, nos vamos a ver Malditos Bastardos, pero no sin antes ofreceros Paseo, un emotivo cortometraje con la poesía como personaje principal.

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Sábado: en nuestra sección de créditos, Doctor Mateo, que acaba de estrenar su segunda temporada.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Perdición, intriga y placer de la mano de Billy Wilder


El pasado viernes pudimos deleitarnos con otra obra maestra del genial Billy Wilder, al que ya conocimos en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard). En esta ocasión, la responsable de nuestro delirio cinéfilo no fue otra que Perdición (cuyo título original se repite muchas veces a lo largo de la trama, Double Indemnity o doble indemnización), una obra del cine negro que Wilder concibió junto a Raymond Chandler. Juntos llevaron a cabo la adaptación de Three of a King, novela de James M. Cain.

Al igual que en El crepúsculo de los dioses, Wilder se ayuda de la voz en off y los flash-backs para contar una historia de muerte y traición. Walter Neff (Fred MacMurray) es un agente de seguros que se ve envuelto en el asesinato de uno de sus clientes tras caer en las redes de Phyllis (Barbara Stanwyck), la mujer de éste. Sin embargo, no será tan sencillo, ya que su jefe Barton Keyes (Edward G. Robinson) no estará dispuesto a desembolsar el dinero del seguro de vida de la víctima tan fácilmente.

En el film, Billy Wilder consigue mantener un excelente ritmo narrativo, aumentando la intriga del espectador hasta límites insospechados y culminando con un final que nos mantiene en vilo hasta el último momento. Junto a ello, guiones depurados y una psicología bien trazada de los personajes, acompañado de un importante juego de luces y sombras que juegan con el blanco y negro y la inquietante música de Miklos Rosza.

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