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lunes, 23 de agosto de 2010

El verano de los géneros: DOCUMENTAL


Se acaba el verano y, con él, se termina nuestro verano de los géneros. Durante estos dos meses de julio y agosto hemos querido compartir con vosotros algunos de los títulos más destacados del cine y las series de televisión de los principales géneros. No ha sido fácil, nunca lo son este tipo de selecciones, pero esperamos que hayáis disfrutado tanto como nosotros aprendiendo un poquito más de estos géneros. Este verano lo terminamos con el documental, un género en auge presente en el cine desde bien temprano.


Si como documental entendemos mostrar la vida tal y como es, entonces las primeras películas que se rodaron pertenecieron a este género. La llegada del tren o Salida de los obreros de la fábrica (ambos de los hermanos Lumière) eran reales como la vida misma, aunque se conocieron como películas de actualidad. El término "documental" lo introdujo John Grierson en el New York Times al hablar de la película Moana (Robert J. Flaherty, 1926), la que se conoce como el primer documental de la historia.

No obstante, algunos años antes, Flaherty había estrenado otro documental de gran éxito titulado Nanuk, el esquimal (1922). La Paramount trató de repetir su éxito con otros títulos como Hierba (1925) o Chang (1927), ambos de Meriam Cooper y Ernest Schoedsack. Otros documentales de la época como Berlín, sinfonía de una gran ciudad (Walter Ruttmann, 1927) o El hombre con la cámara (Dziga Vertov, 1929) tratan de mostrar al hombre como un producto de su propio entorno.


Con frecuencia, los documentales se han utilizado como fines propagandísticos. Quizás, uno de los más destacados sea El triunfo de la voluntad (Leni Riefenstahl), con Adolf Hitler como protagonista y hasta 30.000 nazis como extras.

En los años treinta, además, Luis Buñuel realiza el documental de Las Hurdes (1933), en Cáceres. Al otro lado del océano, se despertaba una conciencia social y ecológica con títulos como The Plow That Broke the Plains (1936) o The River (1938), ambos realizados por Pare Lorentz. El director Frank Capra también participó de este género con la serie documental Why We Fight (1942-44), que trataba de convencer a los estadounidenses de la necesidad de acudir a la guerra.

Mientras tanto, en el Reino Unido se reunían una serie de cineastas bajo el amparo de John Grierson. Se les conoció como el Movimiento por las películas documentales y lo formaban Alberto Cavalcanti, Harry Watt, Basil Wright y Humphrey Jennings. Su objetivo continuaba siendo el de la propaganda.


Durante los años 50 y 70, se puso de moda en Europa el Cinéma vérité (o cine de realidad). Entre sus principales títulos destacan Primary (1960) y Crisis: Behind a Presidential Commitment, ambos producidos por Robert Drew, Harlan County, USA (1976, Barbara Kopple), Don't Look Back (1967, D.A. Pennebaker), Lonely Boy (1962, Wolf Koenig y Roman Kroitor), Chronique d'un été (1960, Jean Rouch) y Golden Gloves (1961, Gilles Groulx).


Los documentales empiezan a concebirse, además, como armas contra el capitalismo y el neocolonialismo, sobre todo en Latinoamérica. La hora de los hornos (Octavio Getino y Fernando E. Solanas, 1968) inaugura un nuevo modo de hacer cine en Argentina.


En la actualidad, el documental se ha convertido en un género al alza que consigue grandes resultados de taquilla en su lanzamiento a la gran pantalla. A ello han contribuido directores como Michael Moore y su postura crítica en documentales como Bowling for Columbine (2002), Fahrenheit 9/11 (2004) y, más recientemente, Capitalismo: una historia de amor (2009).

Sin embargo, también otros directores han gozado de éxito en este género. Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004) consiguió llamar la atención del público con la llamada "comida basura" y Una verdad incómoda (Davis Guggenheim, 2006) lo hizo con los efectos del cambio climático.


La naturaleza, que siempre ha estado presente en este género, ha vuelto a resurgir en él gracias a las nuevas tecnologías, que permiten obtener imágenes de mayor calidad aún. Tierra, la película de nuestro planeta (Alastair Fothergill y Mark Linfield, 2007), producida por la BBC, se encarga de retratar los contrastes producidos en diferentes zonas de nuestro planeta por el cambio de las estaciones. La BBC también produjo la serie Planet Earth. Además, recientemente se han estrenado Océanos (Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, 2009) y The Cove (Louie Psihoyos, 2009), de las que tenéis mucha más información en sus respectivas entradas.


lunes, 16 de agosto de 2010

El verano de los géneros: DRAMA


El drama resulta un género tan amplio que resulta difícil delimitarlo y, por tanto, definirlo. Todos coincidimos en que temas como la drogadicción, el racismo, la intolerancia religiosa, la pobreza, el crimen o la corrupción son dramáticos. Pero, ¿qué es el drama exactamente? ¿Un cajón de sastre en el que metemos todas aquellas películas que no sean comedia, thriller, terror, acción, ciencia ficción o western?

Os decimos la verdad: no nos sentimos capaces de responder a esta pregunta, pero estamos de acuerdo en una cosa. Por contraposición con la acción, donde el enfrentamiento es físico, en el drama destacan los sentimientos. Además, todas las películas pueden incluir elementos dramáticos, pero si éstos sobresalen, entonces hablamos de drama. En televisión es distinto, clasificamos en drama aquéllo que no es comedia.

¿Os ha quedado un poco más claro? Tranquilos, a nosotros tampoco, pero quizás viendo su evolución histórica consigamos llegar a alguna conclusión.


Desde los inicios del cine y hasta los años 50, los dramas fueron entendidos y proyectados desde el punto de vista pedagógico. Las uvas de la ira (John Ford, 1940), por ejemplo, muestra los efectos de la depresión que asoló Estados Unidos en los treinta.  No obstante, ya en estos años se producen dramas románticos como Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939). Antes de ellos, eran los melodramas los que colmaban los cines.

En estos años, el drama se centra fundamentalmente en los personajes. Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950) se centra en las relaciones entre hombres y mujeres y Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955) en la angustia de ser adolescente. En Asia, algunos de los dramas más destacados se dan en estos años, como Tokyo Story (Yasujiro Ozu, 1953) o  Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1950).


Durante los sesenta, destacan los dramas bélicos como El juicio de Nuremberg (Stanley Kramer, 1961) o El mensajero del miedo (John Frankenheimer, 1962). En la siguiente década, la de los setenta, es en la que empiezan a sobresalir los nombres de los grandes directores actuales: Francis Ford Coppola con El Padrino (1972), Martin Scorsese con Taxi Driver (1976) y Malas calles (1973).

Sylvester Stallone, además, creó el drama deportivo con más éxito de la historia, Rocky (1976). También la guerra recobra su protagonismo en la gran pantalla con títulos como Patton (Franklin J. Schaffner, 1970) o Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979).
Los ochenta son años en los que, precisamente, se reactiva el componente emocional de los filmes dramáticos, como ocurre en El color púrpura (Steven Spielberg, 1985). Aún así, los temas bélicos se mantienen en la cartelera y se realizan producciones como Platoon (Oliver Stone, 1986). También se producen romances como el de Oficial y caballero (Taylor Hackford, 1982).



La década de los noventa sirve para que se produzcan dramas de todo tipo con títulos conocidos por todos como La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993), Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Leyendas de pasión (Edward Zwick, 1994), Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995), Sentido y Sensibilidad (Ang Lee, 1995) El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996), El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997), La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) o American Beauty (Sam Mendes, 1999), entre muchos, muchísimos otros. Sin duda, una década que permanece en nuestra memoria y que marcó a toda una generación.




En los últimos diez años, se han puesto muy de moda los biopics o películas biográficas con producciones tales como Pollock (Ed Harris, 2000), Ali (Michael Mann, 2001), Frida (Julie Taymor, 2002), Ray (Taylor Hackford, 2004) o Mi nombre es Harvey Milk (Gus Van Sant, 2008). Además, el drama se introduce en películas épicas como Gladiator (Ridley Scott, 2000) y otras bélicas como Pearl Harbor (Michael Bay, 2001) y, aunque los dramas románticos parecen haber decaído últimamente, títulos como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) consiguen traer aire fresco al género.


Como podéis ver, no nos equivocábamos al principio. El drama es uno de los géneros cinematográficos más extensos y más difíciles de delimitar, por eso esta semana, más que nunca, os pedimos paciencia. Por supuesto, aceptaremos todas vuestras sugerencias.

lunes, 9 de agosto de 2010

El verano de los géneros: TERROR


Esta semana nos toca pasar mucho miedo, y no por las olas de calor que no cesan de venir ni porque cada vez parece más cercano el fin del verano. No, vamos a pasar miedo porque esta semana hemos decidido dedicarla al terror.

El cine de terror está presente desde los primeros años de la historia del cine. En 1896, George Méliès realiza Le manoir du diable. También Japón se introduce en el género durante estos años con títulos como Bake Jizo y Shinin no Sosei. Será en 1910 cuando los Estudios Edison produzcan la primera versión de Frankenstein.

Sin embargo, es en el cine expresionista alemán donde realmente encontramos las raíces de este género. Películas como El Golem (Paul Wegener, 1915) o El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) serán determinantes para el desarrollo del cine de terror en la industria de Hollywood. El cine expresionista alemán también producirá la primera película de vampiros, Nosferatu (F.W. Murnau, 1922), una adaptación no autorizada del Drácula de Bram Stoker.


Fue a partir de los treinta cuando las películas de terror comienzan a popularizarse, con exitosas producciones como Drácula o Frankenstein (ambas de 1931), dos personajes que ya habían sido llevados a la gran pantalla. También del Doctor Jekyll y Mr Hyde se realizó un remake en 1931. Michael Curtiz dirigió en 1933 Los crímenes del museo. Durante los años cuarenta se continuaron realizando películas de terror y, sobre todo, se llevaron a cabo diversas secuelas de Frankenstein. Además, cobran importancia las películas de serie B producidas por la RKO, entre las que se incluyen La mujer pantera (1942), Yo anduve con un zombie (1943) y El ladrón de cadáveres (1945).

Con la llegada de los cincuenta, la inspiración gótica de las películas de terror se sustituyó por dos subgéneros: el fin del mundo y los demonios. También cobran fuerza la importancia de amenazas exteriores, como la invasión alienígena. En Japón, además, donde habían conocido de primera mano los efectos de la radiación nuclear, se realizan films en los que priman las mutaciones de personas, plantas e insectos. Otros títulos como El enigma de otro mundo (1951) o La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) trataron de explotar la atmósfera existente en Estados Unidos durante la Guerra Fría.



Aunque los fantasmas y los monstruos continuaron siendo populares, el demonio siguió presente en muchas producciones, como Suspense (Jack Clayton, 1961), The Haunting: la mansión encantada (Robert Wise, 1963) o La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968). En cuanto al subgénero del fin del mundo, Los pajáros de Alfred Hitchcock (1963) quizás sea el mejor ejemplo de cómo la naturaleza se vuelve contra el hombre. En estos años, Hitchcock también dirigió Psicosis (1960), de la que ampliaremos información en las Crónicas de Tannhäuser de esta semana.

Una importante influencia del cine de terror de finales de los sesenta fue George Romero, cuya Noche de los muertos vivientes (1968) fue catalogada “cultural, histórica y estéticamente significante” y está, por ello, protegida por el United States National Film Registry.


El hecho de que importantes directores como Polanski hubieran realizado filmes de terror, llevó a estas películas a abandonar su categoría “B”. En los setenta, se hace popular el ocultismo. Las reencarnaciones y las posesiones también serán temas recurrentes. El exorcista (William Friedkin, 1973), Las dos vidas de Audrey Rose (Robert Wise, 1977) o La profecía (Richard Donner, 1976).

Brian de Palma lleva al cine en 1976 la primera adaptación de una novela de Stephen King, Carrie, John Carpenter realizó el exitoso Halloween (1978) y Sean Cunningham creó Viernes 13 (1980). En 1975, Steven Spielberg inició su ascenso con Tiburón y en 1979 Ridley Scott obtuvo un merecido éxito con Alien, un film que reunía la violencia gráfica de los setenta, el argumento sobre monstruos de décadas anteriores y la ciencia ficción.


Todavía en los noventa el género de terror continúa desarrollando temas propios de las décadas que le preceden. La trilogía de El muñeco diabólico (1988) adquiere un gran éxito en estos años. También se realizan secuelas de Pesadilla en Elm Street, Viernes 13 o Halloween durante esta década.

Durante los noventa, el terror se vuelve especialmente paródico. Es el caso de Tu madre se comió a mi perro (Peter Jackson, 1992), pero también de otras como las sagas de Scream (Wes Craven, 1996) o Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), especialmente pensadas para el público adolescente.



Los inicios del siglo XXI supusieron un período tranquilo para el género. El relanzamiento de El exorcista (2000) gozó de gran éxito. El terror adolescente pervivió en títulos como Destino final y sus múltiples secuelas. Los otros (Alejandro Amenábar, 2001) supuso el regreso del terror psicológico. En estos años, además, se realizan muchos remakes de películas de terror asiáticas, como The Ring (2002) o El grito (2004).

Además, los zombies vuelven a nuestras pantallas de la mano de Resident Evil (2002) y la británica 28 días después (Danny Boyle, 2002). George A. Romero reaparece en nuestras salas con títulos como La tierra de los muertos vivientes (2005), El diario de los muertos (2007) y Survival of the Dead (2009). El año pasado, la película independiente Paranormal Activity gozó de gran éxito.

lunes, 2 de agosto de 2010

El verano de los géneros: MUSICAL


Semana a semana, nos hemos plantado ya en agosto. Este mes lo hemos querido comenzar con un género fresco que nos alegre las calurosas tardes del verano: el musical, del que veremos su evolución histórica en tan sólo unos instantes. Ya mañana hablaremos, como siempre, de las series de televisión, donde nos centraremos en aquéllas en las que la música es su principal protagonista y veremos algunos de los mejores episodios musicales de ficciones conocidas por todos.

El nacimiento del musical en el cine estuvo, inevitablemente, relacionado con la llegada del cine sonoro. Curiosamente, ambos se estrenaron el mismo día gracias a una misma película: El cantor de Jazz (1927), donde sólo las escenas de Al Jonson eran sonoras (y con música). A ésta, le siguieron muchas otras películas en las que aparecían escenas musicales como Lights of New York (Bryan Foy, 1928) o La melodía de Broadway (Harry Beaumont, 1929).


Sin embargo, los años dorados de este género comienzan en los años treinta y se extienden hasta los cincuenta. De hecho, Hollywood lanzó más de cien musicales sólo en 1930. La saturación del público fue tal, que en 1931 la cifra descendió hasta 14 y a algunas películas originalmente musicales, como The Life of the Party, acabaron cortándoles las canciones en el montaje final. Destacan títulos como Kiss Me Again (William A. Seiter), Viennese Nights (Alan Crossland) o King of Jazz (John Murray Anderson).


Si existen dos estrellas que destacaron especialmente en estos años del cine clásico, ésos fueron Fred Astaire y Ginger Rogers. Juntos protagonizaron comedias románticas musicales como Sombrero de copa (Mark Sandrich, 1935), En alas de la danza (George Stevens, 1936) o Ritmo loco (Mark Sandrich, 1937).




Sin embargo, llegó un momento en que los musicales comenzaron a resultar demasiado repetitivos. La transición hacia un nuevo modo de entender los musicales estuvo encabezada por la Metro-Goldwyn-Mayer, concretamente con la figura de Arthur Freed. Este productor llevó a la gran pantalla algunos de los musicales más conocidos por todos. Desfile de Pascua (Charles Walters, 1948) es uno de ellos. Un día en Nueva York (1949) estuvo dirigida por Stanley Donen y Gene Kelly, quien también la protagonizó.  La experiencia debió de ser buena, ya que volvieron  a compartir la dirección en Cantando bajo la lluvia (1952). Un americano en París (1951), que se alzó con seis estatuillas doradas, y Melodías de Broadway (1953) son otras dos películas dirigidas por Vicente Minnelli y producidas por Arthur Freed.




Los sesenta supusieron un regreso al musical clásico, aunque los gustos musicales de la sociedad de aquella época incidieron de manera notoria en este género. De hecho, el propio Elvis Presley protagonizó algunos musicales durante estos años: El indómito (1961),  Puños y lágrimas (1963), Frankie and Johnny (1966),  Pista de carreras (1968) o Mis problemas con las mujeres (1969) son algunas de ellas.

Mientras tantos, en estos mismos años, se producen en Hollywood otros títulos muy conocidos como West Side Story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961), My fair Lady (George Cukor, 1964) o Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964). Esta última, que probablemente marcó la infancia de todos nosotros, obtuvo trece nominaciones a los Oscar y se hizo con cinco de ellas, incluida la de Mejor Actriz para Julie Andrews.




Los musicales de los setenta estuvieron aún más marcados que en la década anterior por los ritmos de la época. El rock y el pop se introducen en películas mucho menos cursis que la mayoría de las realizadas hasta aquel momento. Resulta curioso el caso de Grease, rodada a la manera tradicional pero con canciones completamente diferentes a las que oíamos en sus predecesoras. Los musicales continuaron su curso, pero su éxito resultó mucho menor al alcanzado en los cincuenta. En los ochenta y los noventan destacan películas como Annie (John Huston, 1982) o Evita (Alan Parker, 1996), protagonizada por Madonna y Antonio Banderas.


Mención aparte merecen las producciones animadas de Disney, en las que la música cobra especial sentido en estos años. Todos conocemos (y probablemente cantamos en nuestra infancia) las canciones de La sirenita (Bajo el mar...), La bella y la bestia (Se oye una canción...), El rey león (Hakuna Matata... Yo voy a ser el rey león y tú lo vas a ver...), Aladdin (Un mundo ideal...) o Pocahontas (Y colores en el viento descubrir...).




En la actualidad, parece que los musicales han vuelto a recuperar su popularidad, aunque evidentemente no se llega a realizar el exagerado número de los años 30. Sin embargo, películas como Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) han conseguido devolverle la frescura a este género. También se han llevado a la gran pantalla adaptaciones de tradicionales obras musicales de teatro, como El fantasma de la ópera (Joel Schumacher, 2004), Chicago (Rob MArshall, 2002), Dreamgirls (Bill Condon, 2006) o ¡Mamma Mía! (Phyllida Lloyd, 2008).




En el cine de Bollywood, la música ha estado siempre muy presente. De ellos sacó la inspiración Baz Luhrmann para su Moulin Rouge. En la India, las propias películas son promocionadas a través de sus canciones, que se lanzan incluso antes del estreno del film para que así el público asistente a la sala pueda cantarlas. En los últimos años ha tenido mucho éxito en occidente Slumdog Millionaire, que aunque es una producción inglesa, nos muestra con acierto los números musicales propios del cine bollywoodiense.

lunes, 26 de julio de 2010

El verano de los géneros: WESTERN


El western es el género cinematográfico de Estados Unidos por excelencia, aunque también podemos encontrarlo en la televisión, la radio, la literatura y en otras artes visuales. Principalmente, se centran en el viejo oeste norteamericano de la segunda mitad del siglo XIX. Aunque muchos de ellos están ambientados en la Batalla del Álamo de 1836, la mayoría se sitúan entre la Guerra Civil de 1865 y la masacre de Wounded Knee en 1890.

El primer western se corresponde con el film mudo Asalto y robo de un tren (1903) de Edwin S. Porter, que protagonizó Broncho Billy Anderson, que posteriormente interpretó el papel de cowboy en cientos de cortometrajes del oeste.


Sin embargo, la edad de oro del western se produjo entre 1930 y 1950 (aunque muchas datan de los setenta), con figuras como las de John Ford y sus películas La Diligencia de 1939 o Centauros del desierto de 1956. Ésta fue la primera que se rodó en Monument Valley, que posteriormente ha servido de escenarios para multitud de películas y series de televisión.

No obstante, dentro de los westerns existen diversos subgéneros, en función de su situación geográfica. Si es al norte (como Tierras lejanas de 1954 o Alaska, tierra de oro de 1960, reciben el nombre de notherns, por ejemplo.


Los Spaghetti Westerns son aquéllos que se rodaron durante los sesenta y los setenta en Italia. Probablemente, el más famoso de todos ellos sea El bueno, el feo y el malo (1966) rodada en Almería por Sergio Leone, un director muy destacado en este género. que también dirigió La muerte tenía un precio (1965). Este director otorgó cierta dimensión paródica a los westerns clásicos. En Hasta que llegó su hora (1968), por ejemplo, existen multitud de referencias hacia Solo ante el peligro (1952) de Fred Zinnemann. Grandes actores como Lee Van Cleef, Clint Eastwood o Charles Broson se hicieron famosos protagonizando este tipo de películas.

Por otro lado, se conoce con el nombre de Osterns aquellos filmes cuyas características coinciden con las del western pero que fueron producidos en la Europa comunista del Este. En éstos, se muestras a los indios como simpáticas personas que están siendo oprimidas por los norteamericanos (en contraposición a los westerns clásicos, que mostraban a los indios como el enemigo a batir). En 1966, Josef Mach dirigió Die Söhne der großen Bärin (en inglés, The Sons of the Great Bear).


Otro subgénero es el del Western revisionista, es decir, aquél en el que se comenzaron a modificar algunos elementos tradicionales del género. Los nativos norteamericanos dejaban de ser tratados como salvajes en películas como Pequeño gran hombre (1970) y Bailando con lobos (1990). Algunos westerns más recientes, además, comenzaron a darle un papel más importante a la mujer, como ocurre en La ley del talión de 1956.


Los Westerns contemporáneos utiliza de nuevo los temas del viejo oeste y sus mismos elementos, como el anti-héroe rebelde, las llanuras desérticas y los tiroteos, pero no llegan a corresponderse totalmente con los westerns clásicos. En este subgénero destaca Hud (1963), protagonizada por Paul Newman; Quiero la cabeza de Alfredo García (1974), dirigida por Sam Peckinpah; El Mariachi (1992), de Robert Rodríguez; Brokeback Mountain (2005), de Ang Lee o No es país para viejos (2007), dirigida por los hermanos Coen y coprotagonizada por Javier Bardem.

Además, claro está, existen híbridos como el del western y la ciencia ficción. Grandes ejemplos lo constituyen Regreso al futuro 3, Wild Wild West, Westworld... o la serie Firefly.

Vía | Wikipedia

lunes, 19 de julio de 2010

El verano de los géneros: THRILLER


Si la semana pasada la dedicamos a reírnos un poquito, en ésta nos ponemos serios para sentir la emoción de la intriga. Llega la semana del thriller, con el suspense como ingrediente principal y el misterio, los detectives, los gánsters, los espías, el crimen y el cine negro como reparto estelar.

¿Recordáis a Harold Lloyd? Hablamos de él precisamente la semana pasada por sus dotes cómicas. Sin embargo, su película El hombre mosca (1923) está considerada una tímida iniciación del thriller cinematográfico (por su escena del reloj), aunque sí somos más exigentes quizás sea M (1931) de Fritz Lang el primer thriller que responde a las características del género al basarse en la vida del asesino en serie Peter Kurten. Otros títulos de la época son Murders in the Zoo (1933), El legado tenebroso (1927) y El hombre y el monstruo (1931), basada en la obra del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

El thriller psicológico llega en los años 40 de la mano de George Cukor y su película Luz que agoniza (1944), protagonizada por Ingrid Bergman. También son los años del cine negro y de Laura (1944), cuyo argumento gira en torno a la investigación de un asesinato. Tres años más tarde, Orson Welles dirige a Rita Hayworth como femme fatale en La dama de Shangai (1947).

No podemos olvidarnos, en estos años, de un grande del suspense como Hitchcock, que en 1948 dirige con maestría La soga, donde unos jóvenes tratan de ocultar su "crimen perfecto" a los invitados de una fiesta. Antes de ésa, vinieron muchas otras (El enemigo de las rubias, La muchacha de Londres, 39 escalones...) y, después de ella, otras tantas (La ventana indiscreta, Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis...).

En estos años, como vemos, el thriller está muy relacionado con la intriga y el cine negro. El sueño eterno (1946) de Howard Hawks coincide con ambos y además es una de esas grandes películas que no se olvidan. Junto a ella, Retorno al pasado (1947) y Perdición (1944), del siempre fantástico Billy Wilder.



Regresa con fuerza en los setenta, cuando se producen títulos conocidos por todos como The French Connection (1971), en la que dos policías investigan una red de traficantes de drogas, o Chinatown (1974), donde Roman Polanski homenajea al cine negro de décadas atrás. El largo adiós (1973) es otro título del género que se estrena en esta época. Este tipo de cine lo recuperan los hermanos Coen con películas como No es país para viejos (2007), que le valió el Oscar a Javier Bardem.

En los noventa el género del thriller se hibrida con la acción en cintas como Misión Imposible (Brian de Palma, 1996). Antes, en 1992, se estrena en el cine un tipo de thriller erótico como Instinto básico, con Michael Douglas y Sharon Stone a la cabeza. Al finalizar la década, nos encontramos con el Asesinato en 8 mm de Joel Schumacher.



Al otro lado del milenio, seguimos con géneros hibridados, esta vez de la mano de Déjà Vu que reúne el thriller, la ciencia ficción, el drama y la acción. En España realizamos nuestra propia aportación con un Crimen Ferpecto (2004) de Álex de la Iglesia y Los cronocrímenes (2007) de Nacho Vigalondo. En 2007, Woody Allen presenta El sueño de Cassandra, que no tiene mucho éxito entre críticos y público (aunque una que está aquí la sigue defendiendo), pero que nos presenta elementos característicos del thriller. Mayor éxito tuvo, sin duda, Death Proof de Quentin Tarantino.

Fuente | Time Out

lunes, 12 de julio de 2010

El verano de los géneros: COMEDIA


Continuamos una semana más con nuestro especial de este verano, que lo hemos dedicado a los principales géneros. Durante esta semana será el turno de la comedia, uno de los géneros en los que más híbridos encontramos, ya que la mayoría de ellos se pueden ver desde el punto de vista del humor. Desde la acción (Hora Punta, Dos policías rebeldes) al terror (El jovencito Frankenstein), pasando por la fantasía (Shrek), la ciencia-ficción (Mars Attacks!) o el género bélico (Tropic Thunder).

La comedia ha estado presente en el cine desde los inicios de éste. El ejemplo más claro lo encontramos en el L'Arroseur Arrosé (1895) de los hermanos Lumière. Hasta los años treinta se hicieron muy populares en Estados Unidos grandes actores de comedia como Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd -que crearon unos personajes firmes que se mantenían de una película a otra-, mientras que en Francia destacó la figura de Max Linder. En esta época, además, se puso de moda el slapstick, un tipo de comedia caracterizada por la exageración de la violencia física (tortas, golpes con sartenes, etc.) y las caídas.


Con la llegada del sonido verbal, la gesticulación pierde importancia para cedérsela a la palabra. Destacan las comedias de W.C. Fields y los hermanos Marx. El período de los años treinta estuvo marcado por la depresión económica de 1929, una situación que se vio reflejada en el cine a través de la realización de películas ligeras que ayudaran a los ciudadanos a evadirse. Es el caso de Sucedió una noche, una comedia romántica de Frank Capra.

Entre 1946 y 1956, destaca la producción inglesa del estudio Ealing, que realizó una serie de títulos conocidos como las Ealing Comedies y protagonizados frecuentemente por Alec Guinness o Stanley Holloway. Los más conocidos son Ocho sentencias de muerte (1949), Oro en barras (1951) o El quinteto de la muerte (1955). Mientras tanto, en Estados Unidos decaía la producción de comedia en el cine, aunque se fomentaba en la televisión, donde proliferaron las comedias dirigidas a toda la familia. No obstante, destacan las figuras de Judy Holliday, Dean Martin y Jerry Lewis.


Con la llegada de los sesenta, la comedia volvió a recuperar su brío en el cine estadounidense con títulos como El mundo está loco, loco, loco (1963) o La carrera del siglo (1965). También el Reino Unido mantiene su producción con Aquellos chalados en sus locos cacharros (1965), por poner un ejemplo. Sin embargo, el éxito internacional llegó a Estados Unidos de la mano de La pantera rosa (1964).

Además, surge otro tipo de humor más centrado en la sátira social y la crítica. Nos referimos a títulos como ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964), El apartamento (Billy Wilder, 1960), Alfie (1966) o El graduado (1967). Estas tres últimas tratan asuntos sexuales de una forma inimaginable años atrás.


Los setenta estarán marcados por el sentimiento pacifista, que encontraremos en comedias negras como Trampa 22 o M.A.S.H., ambas de 1970. Esta época marca, también, el surgimiento de Woody Allen y Mel Brooks, que aparecen en sus películas además de escribirlas. Al otro lado del Atlántico, concretamente en el Reino Unido, destacan los trabajos de los Monty Python, que culminan la década con un extraordinario film como La vida de Brian.


En los años ochenta nos encontramos con comedias basadas en gags, al estilo de Aterriza como puedas (1980), Top Secret (1984) o Agárralo como puedas (1989), y también con híbridos entre la comedia y la acción protagonizados por Eddie Murphy: Límite 48 horas (1982) o Súperdetective en Hollywood (1984) y sus múltiples secuelas. Otras estrellas de la comedia de estos años, muchos de ellos procedentes del Saturday Night Live, son Bill Murray, Steve Martin, Chevy Chase, Tom Hanks...

El resugir de la comedia romántica tuvo lugar en los noventa con Algo para recordar (1993) o Tienes un e-mail (1998) en Estados Unidos y Cuatro bodas y un funeral (1994) y Notting Hill (1999) en el Reino Unido. Además, surgen títulos como Full Monty (1997).
La última década ha estado marcada por la comedia juvenil con películas como Scary Movie (2000), Colega, ¿dónde está mi coche? (2000) o American Pie (1999) y sus interminables secuelas (la última data de 2009). No obstante, también encontramos comedias con un humor más oscuro. Son las llamadas "dramedias" por la conjunción del drama y la comedia: El hombre del tiempo (2005), Flores Rotas (2005) o el larguísimo título de Borat: Lecciones culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán (2006). Destaca, además entre otros, la producción de los hermanos Coen, cuyas comedias son fácilmente reconocibles.


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